Catorce etapas de fractura en 24 horas. Ese fue el número que SPI (Servicios Petroleros Integrados) logró en agosto en Vaca Muerta, un récord operativo que la empresa atribuye a la coordinación de su equipo en el yacimiento. La compañía lo celebró puertas adentro y también lo difundió públicamente como un hito para el sector.

Detrás del número hay otros datos que explican el desafío: 21,9 horas de bombeo efectivo, una eficiencia de bombeo del 92% y el movimiento de 68.000 sacos de arena junto a 21.100 m³ de agua durante la jornada. Son cifras que, en la jerga de los sets de fractura, marcan un ritmo poco habitual.

SPI es la empresa de servicios petroleros que Pluspetrol conformó tras adquirir activos de Weatherford, y desde entonces fue ganando terreno como proveedora de servicios especiales en Vaca Muerta. El récord de agosto llega justo cuando la compañía atraviesa un cambio tecnológico de fondo en su flota.

La reconversión hacia el gas

Desde abril, SPI viene reconvirtiendo su set de fractura hacia tecnología Dual Fuel, buscando mayor eficiencia en sus operaciones. La llegada de seis unidades nuevas a Neuquén marcó el arranque de un proceso pensado para reemplazar, de forma progresiva, el diésel por gas en el bombeo.

Estas unidades pueden funcionar con gas natural comprimido o con gas de pozo, una alternativa que cada vez más empresas de servicios especiales están evaluando en la cuenca. El objetivo es bajar los costos energéticos y mejorar la sustentabilidad en operaciones que son críticas para el desarrollo no convencional.

Según informó la propia SPI, la nueva tecnología permite reducir hasta un 70% el consumo de diésel y mejora el rendimiento general del equipo. En un mercado cada vez más competitivo, cada punto de ahorro pesa dentro de los costos de terminación de pozos.

Menos emisiones, más competitividad

La reconversión también trae beneficios ambientales concretos. De acuerdo con la empresa, los equipos Dual Fuel bajan un 25% las emisiones de CO2 y recortan entre 30% y 50% los NOX, dos variables que la industria energética global observa cada vez más de cerca.

El cambio llega en un momento clave para Vaca Muerta, con nuevas inversiones, mejoras logísticas y obras de infraestructura que alimentan la expectativa de un salto exportador en petróleo y gas durante los próximos años. La cuenca crece, pero también exige eficiencia.

En ese escenario, la agenda de las operadoras combina crecimiento productivo con disciplina de capital: producir más barriles y más metros cúbicos con menores costos. Ese equilibrio explica buena parte del avance de los sistemas que reemplazan combustible líquido por gas disponible en los propios yacimientos.

La fractura, foco del ahorro

El country manager de NCS Multistage, Luciano Fucello, sostiene que la industria ya entró en una etapa de maduración operativa. “Ya no se trata solo de sumar equipos, sino de entender cómo se usan y cómo impactan en los costos”, explicó el especialista sobre el momento actual del sector.

Fucello remarca que las etapas de fractura concentran una porción relevante del consumo total de combustible en los desarrollos no convencionales. Por eso, reemplazar el diésel por gas aparece como una de las herramientas más efectivas para mejorar la rentabilidad de los proyectos.

El proceso, recuerda, arrancó en Estados Unidos con equipos Dual Fuel que combinaban gas y diésel y permitían sustituir entre 30% y 70% del combustible tradicional. Con el tiempo llegaron los kits híbridos, las pruebas con sets eléctricos y turbinas, hasta llegar a las bombas a gas que hoy se consolidan en Vaca Muerta por su simplicidad y su rendimiento.