Gabriela Aguilar, gerente general de Excelerate Energy en Argentina y vicepresidenta para América Latina, planteó una visión estratégica: el desarrollo del GNL en pequeña y mediana escala puede ser clave para mejorar el acceso a la energía, reducir emisiones y reemplazar combustibles líquidos en la región.

Según la ejecutiva, el gas natural licuado (GNL) debe entenderse como un combustible de transición, más limpio y flexible. Aunque Europa avanzó rápidamente hacia las renovables, la guerra en Ucrania obligó a reconsiderar la seguridad energética. América del Sur, por su parte, enfrenta desafíos propios que requieren soluciones realistas.

“El GNL está de moda en Argentina, pero tiene historia”, afirmó Aguilar en el marco del marco del evento “Integración Gasífera en el Mercosur + Chile: Perspectivas”, organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE).

La ejecutiva recordó que Excelerate botó su primer barco de regasificación en 2005 y que Argentina lo utilizó por primera vez en 2008. Brasil lo incorporó en 2009 y Chile en 2010, aunque con una solución onshore.

Actualmente, la región cuenta con ocho terminales de regasificación: dos en Brasil, dos en Chile y una en Argentina. La capacidad total es de unos 179 millones de metros cúbicos diarios. De esa capacidad, el 40% es operada por Excelerate con barcos en Brasil y Argentina.

Para Aguilar, el valor del GNL está en su flexibilidad. “En 12 años, Argentina ahorró cerca de 13.000 millones de dólares en sustitución de combustibles líquidos gracias al GNL”, explicó. Este ahorro fue posible incluso antes de que Vaca Muerta estuviera plenamente desarrollada o contara con un gasoducto para evacuar producción.

El futuro del GNL

La ejecutiva destacó que los sistemas energéticos en América del Sur son variados y complejos. Argentina tiene una demanda invernal intensa; Brasil depende de la hidraulicidad; y Chile está menos interconectado. En este contexto, el GNL no compite con el gas natural, sino que lo complementa.

La clave está en pensar el GNL como una solución regional flexible. Si hay demanda sostenida, se pueden construir gasoductos. Si no, el GNL ofrece una alternativa viable. “No se trata de River-Boca o Flamengo-Fluminense. Se trata de integración y eficiencia”, señaló.

Pero además del GNL a gran escala, hay una oportunidad que el continente aún no está aprovechando: el small scale. Europa y Asia están liderando el uso de GNL para movilidad pesada, camiones, buques e industrias aisladas. Exelerate propone que América del Sur también explore ese camino.

Conectar regiones aisladas

“El small scale permitiría conectar regiones que nunca estarán interconectadas por gasoductos, por falta de demanda”, explicó Aguilar. Muchas localidades siguen usando combustibles líquidos para generación eléctrica, una opción cara y contaminante.

“¿Por qué hablamos de energía limpia si seguimos priorizando combustibles líquidos? Tenemos gas y GNL. Debemos aprovecharlos”, enfatizó.

Para que eso ocurra, es necesario un marco regulatorio que acompañe. Exelerate convocó al sector público y privado a trabajar juntos en una visión regional. “No hay nada peor para el crecimiento de un país que no tener energía”, aseguró.