Daniel Gerold, director de G&G Energy Consultants, trazó un panorama detallado sobre la situación actual de la industria petrolera argentina. Su diagnóstico fue claro: el potencial de Vaca Muerta es enorme, pero el desarrollo solo podrá sostenerse si ingresan más empresas y capitales al negocio.

“No me preocupa que algunas empresas se vayan, porque muchas veces responde a estrategias globales. Lo que me preocupa es que lleguen pocas o que no llegue ninguna”, afirmó Gerold en el marco del evento “Democracia y Desarrollo / La Energía del Futuro” organizado por Clarín.

Para el consultor, las condiciones para atraer nuevos actores están directamente ligadas a la agilidad de las aprobaciones, la generación de oportunidades de negocio y un entorno que transmita estabilidad.

Menor reinversión en Vaca Muerta

Gerold recordó que desde el 2 de abril —fecha que vinculó con el “liberation day” en Estados Unidos y la aplicación de nuevos derechos de importación— el precio internacional del petróleo ha bajado de forma sostenida. Mientras tanto, en Argentina los costos de operación subieron entre 50% y 60% desde noviembre de 2023, medidos al tipo de cambio del momento.

En el mismo lapso, el precio del crudo cayó entre 25% y 30%. “La actividad sigue siendo rentable, pero las empresas generan menos fondos. Y cuando hay menos fondos, se necesita más financiamiento. Ahí está el cuello de botella”, explicó.

Según el especialista, el shale exige reinversión constante hasta alcanzar una meseta de producción. Si el precio del barril cae, las compañías deben invertir más para sostener su ritmo, pero tienen menos recursos disponibles. “Es el dilema central de este negocio”, subrayó.

SLB se va del convencional y se enfoca en Vaca Muerta.

Un problema financiero

El consultor enfatizó que la cuestión del financiamiento no es solo un asunto local, sino un factor de competitividad internacional. “Si vamos a exportar petróleo, gas natural o GNL, competimos con países que tienen tasas de interés mucho más bajas que las nuestras”, advirtió.

Aunque parte de las inversiones requieren dólares, gran parte necesita pesos para perforar pozos y construir oleoductos y gasoductos. Sin embargo, señaló que enormes sumas circulan en instrumentos de corto plazo, como las LeCAP, sin canalizarse hacia proyectos productivos de largo plazo.

“Si hay 120 billones de pesos, unos 95 mil millones de dólares equivalentes, dando vueltas a 30 días, el desafío es que eso vaya a inversión productiva. No en pesos, sino dólar-linked más una tasa razonable”, sugirió. Como referencia, mencionó el modelo estadounidense, que cuenta con incentivos fiscales para quienes invierten en infraestructura energética, reduciendo significativamente la carga tributaria.

Impacto en las cuencas

Gerold advirtió que la menor disponibilidad de fondos ya se refleja en la actividad: “En Vaca Muerta la actividad está bajando y va a caer un poco más. En las cuencas convencionales, como el Golfo San Jorge, la crisis es mucho más severa, con una caída del 70% en el número de equipos en operación”.

En cuanto al marco político, consideró que Vaca Muerta cuenta con consenso social y apoyo transversal en la dirigencia, pero la confrontación interna puede desalentar inversiones. “Un inversor en Houston, Nueva York, Londres o París se pregunta qué pasa si este gobierno no gana. Esa es una duda que existe”, planteó.

Recordó que parte de los avances actuales tienen su origen en gestiones anteriores, como el gasoducto que permitió alcanzar los 120 millones de metros cúbicos diarios en Neuquén. Para fortalecer la confianza, propuso incluir voces opositoras en debates sobre el desarrollo energético, de manera de demostrar que las políticas para Vaca Muerta tienen continuidad más allá de los cambios de gobierno.