La empresa Burgwardt (BWT) dejará de operar en la Cuenca del Golfo San Jorge. Así lo informó el Sindicato de Petroleros Privados de Chubut a través de su página “El Tordillo informa”, donde cuestionó con dureza la gestión de la compañía en los últimos años y destacó la negociación que permitió preservar las fuentes laborales.
La salida cierra una etapa larga. Durante años, la firma se apoyó en el oficio de cientos de trabajadores especializados que le dieron nombre dentro de la actividad petrolera regional. Según el gremio, ese recorrido quedó opacado por condiciones laborales cada vez más discutidas y por una empresa que no supo adaptarse.
El comunicado marcó que la compañía creció gracias al conocimiento y al compromiso de su gente, pero en el último tramo tomó decisiones empresariales que encendieron las alarmas entre los operarios y que terminaron desgastando la relación con el gremio.
Los reclamos que no fueron escuchados
Desde el sindicato se objetaron varias medidas de Burgwardt. Entre ellas, problemas con el reconocimiento de categorías laborales, cambios en los sistemas de transporte de personal y dificultades en la provisión de Elementos de Protección Personal (EPP), algo nada menor en una actividad de alto riesgo como la petrolera.
El malestar creció de a poco entre los trabajadores. Veían cómo una empresa de servicios petroleros que había logrado consolidarse en la cuenca empezaba a quedarse atrás frente a las nuevas modalidades de trabajo que atraviesa la industria, mientras los planteos de los delegados se acumulaban sin respuestas de fondo.
Cuando se confirmó el retiro de BWT de la Cuenca, la preocupación cambió de escala. Ya no se trataba de reclamos puntuales, sino de la posibilidad concreta de que quienes sostuvieron las operaciones durante años quedaran expuestos a la incertidumbre laboral y a la pérdida de su única fuente de ingresos.

La negociación por los trabajadores
En este marco, el sindicato encabezó negociaciones con Pan American Energy (PAE), con el objetivo de encontrar mecanismos que permitieran absorber a los trabajadores afectados por la salida de Burgwardt y garantizar su continuidad laboral dentro de la cuenca.
“El objetivo central fue claro: que el trabajador no pagara las consecuencias de una decisión empresarial”, señala el texto difundido por el gremio petrolero. Esa premisa ordenó toda la negociación, que se extendió durante las últimas semanas con la operadora y con el personal involucrado.
El acuerdo contempla las distintas realidades del grupo. Por un lado, están los trabajadores próximos a acceder a la jubilación; por otro, quienes eventualmente elijan un esquema de retiro voluntario. Pero el punto principal es la estabilidad laboral del conjunto del personal.
Para la organización, el caso deja abierta una discusión sobre el rol de las empresas petroleras que trabajan durante años en la región. Una compañía puede llegar, crecer y generar rentabilidad, pero detrás de cada contrato, de cada equipo y de cada operación hay trabajadores que aportan su experiencia todos los días.