Durante los últimos tres años, se presentaron al menos siete proyectos de ley en el Congreso de la Nación para reactivar la producción de hidrocarburos en cuencas maduras. Todos comparten un objetivo: sostener la actividad en yacimientos convencionales que hoy enfrentan un acelerado declino natural. Sin embargo, ni uno solo de estos proyectos fue debatido en comisiones.
El diagnóstico es unánime entre técnicos, legisladores y actores de la industria: las cuencas maduras requieren un régimen específico para continuar produciendo, preservar empleos y aprovechar infraestructura ya instalada. Sin incentivos fiscales ni medidas diferenciales, la producción convencional sigue en caída libre, mientras las inversiones se concentran exclusivamente en el shale de Vaca Muerta.
Una pila de proyectos olvidados
Los proyectos no son improvisados ni aislados. Varios de ellos fueron elaborados con el respaldo de técnicos del sector energético y presentados por legisladores de distintas fuerzas. El más reciente es el expediente presentado por Ana Clara Romero que propone un “Régimen de incentivos en actividades destinadas a incrementar la producción de hidrocarburos en yacimientos convencionales maduros”
Una iniciativa casi idéntica presentada por las senadoras Andrea Cristina y Edith Terenzi, que también plantea amortización acelerada, eliminación de aranceles de importación y beneficios en el impuesto a las ganancias. Ambos expedientes llevan meses sin ser tratados.
En 2024, se sumó el proyecto “Régimen de incentivos a la inversión en actividades destinadas a incrementar la producción de hidrocarburos líquidos mediante explotaciones convencionales”, presentado por Carlos Linares.
La iniciativa apunta a generar incentivos focalizados en la producción incremental de hidrocarburos líquidos y beneficios cambiarios para los concesionarios que inviertan en recuperación secundaria o en pozos cerrados. A pesar de su enfoque técnico y viable, tampoco tuvo movimiento parlamentario.

Sin debate
Otra propuesta sustancial fue la propuesta para crear el “Programa Especial de Promoción de las Inversiones para la Recuperación de la Producción y el Empleo en Cuencas Maduras Convencionales”. La iniciativa también presentada por Ana Clara Romero, incluye metas de crecimiento interanual, condiciones técnicas rigurosas y diferenciales según tipo de operador. El texto ni siquiera fue girado a debate.
Más atrás en el tiempo, pero aún vigente, figura el expediente del ambicioso “Régimen de Promoción de la Industria de Hidrocarburos”. El proyecto de ley fue presentado por Eugenia Alianiello y acompañado por figuras como el actual gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa. Aunque no exclusivo para convencionales, el proyecto habilitaba el acceso a beneficios a quienes inviertan en yacimientos maduros.
Y hay que sumar un proyecto político clave: el “Régimen de Promoción de la Producción de Hidrocarburos mediante Explotación Convencional”, impulsado por Sergio Massa en 2023 cuando era ministro de Economía y candidato presidencial. Esa propuesta tampoco fue tratada en ninguna cámara.
El pulgar abajo para las cuencas maduras
La falta de tratamiento no responde a problemas técnicos ni de agenda legislativa. Legisladores patagónicos de distintas bancadas coinciden en una explicación alarmante: el Gobierno nacional prioriza el desarrollo de Vaca Muerta y evita que se debata cualquier régimen que reduzca la carga impositiva en los yacimientos maduros.
“No quieren tocar la rentabilidad de Vaca Muerta. Temen que un beneficio para los convencionales obligue a revisar los impuestos al shale”, aseguran en la Cámara alta del Congreso de la Nación. La paradoja es que mientras el Congreso promueve leyes para acelerar el shale oil y el GNL, deja en el olvido a las cuencas históricas que sostuvieron durante décadas la producción nacional.
Según los propios fundamentos del proyecto “Programa Especial de Promoción de las Inversiones para la Recuperación de la Producción y el Empleo en Cuencas Maduras Convencionales”, cuatro de las cinco cuencas petroleras del país redujeron su producción en la última década. Entre 2012 y 2022, la cuenca Austral cayó un 51,5%, la Cuyana un 40,1%, el Golfo San Jorge un 22,4% y la del Noroeste un 50,6%. Solo la cuenca Neuquina creció, y lo hizo gracias al shale.
A esto se suma la migración de trabajadores, el cierre de pymes regionales y el envejecimiento de pozos sin planes de recuperación. Todo esto sucede mientras hay tecnología y operadores dispuestos a invertir, siempre que haya un marco regulatorio estable y beneficioso.
El abandono legislativo genera malestar creciente en las provincias productoras. Gobiernos locales, sindicatos petroleros y cámaras empresarias piden un tratamiento urgente. La producción convencional sigue representando más del 40% del total en provincias como Chubut y Santa Cruz. El mensaje es claro: sin un régimen de promoción que sea ley, el declino será irreversible.