La paritaria petrolera vuelve a activarse. El Sindicato de Petroleros Privados de Chubut llevó su planteo a las cámaras empresarias y fijó un nuevo plazo: el 20 de julio. Desde entonces la negociación se resuelve cada 90 días, un cambio que el gremio no eligió, pero ya asumió como parte del terreno de juego actual.

El reclamo central es un aumento salarial del 7,5%, que cubriría el trimestre abril, mayo y junio. A eso se suma otro pedido, tan importante como el primero: que los 380 mil pesos no remunerativos que ya cobraban los trabajadores queden blanqueados dentro del recibo de sueldo, de manera que ese ingreso cuente para aguinaldo y aportes jubilatorios.

“Nosotros estamos pidiendo el 7,5% de aumento salarial y que se ratifique todo lo que teníamos en negro, que pase a ser blanco, para que el trabajador lo pueda tener en el bolsillo y no quede afuera”, explicó Jorge Ávila, secretario general del Sindicato de Petroleros Privados de Chubut.

El dirigente contó por qué el esquema de negociación quedó atado a ese plazo puntual y cuestionó que “antes se discutía un convenio anual, como se hizo siempre, con un gobierno serio”. Ahora la inflación obliga a revisar los números cada 90 días, algo que el gremio terminó incorporando a su calendario habitual de reclamos salariales.

El impuesto a las Ganancias sigue preocupando a los gremios petroleros.

La crítica a la reconversión y la brecha interna

En este sentido, Ávila puso el foco en otro problema que atraviesa a la actividad: la diferencia salarial entre categorías y comparó el sueldo de un operario de boca de pozo, expuesto a tareas físicas duras y con riesgo de lesiones, con el de los puestos jerárquicos que crecieron en número dentro de las empresas del sector.

“La responsabilidad de corregir el salario es de la operadora, no es nuestra. Nadie se va a ir a trabajar al frío por un millón de pesos”, cuestionó Ávila en diálogo con La Voz del Sindicato.

Según el dirigente, empresas como Halliburton, San Antonio o Expro redujeron personal operativo en los últimos tiempos, pero no achicaron la estructura jerárquica. Al contrario, sumaron cargos de conducción mientras recortaban puestos de base, una reconversión laboral que el sindicato observa con desconfianza desde hace meses y que, según Ávila, terminó ampliando la brecha salarial interna.

Qué espera el gremio antes del cierre

“Cuando ves que el sueldo de un jerárquico es de 25 millones y el tuyo va a ser de uno, tampoco te conviene sentarte a pensar cómo vas a recomponer este lío que armaron ellos mismos”, planteó Ávila al describir el clima interno entre los trabajadores del sector.

El sindicalista remarcó que la actual operación empresarial genera más ruido que soluciones para el gremio. “Hoy la operación empresarial nos molesta más de lo que nos ayuda”, sostuvo, y señaló la brecha salarial y el achique de personal operativo como las dos razones centrales de ese malestar.

La primera parte de la paritaria petrolera se había cerrado en abril, con un esquema trimestral que fijó pautas salariales hasta fin de junio e incluyó sumas no remunerativas. Ese mismo punto, el de los pagos en negro, es el que el sindicato busca ahora convertir en salario formal y con aportes.

Con el plazo puesto en el 20 de julio, las cámaras empresarias deberán responder al pedido del 7,5 por ciento y a la exigencia de blanqueo salarial. Ávila fue claro sobre el objetivo del gremio para esta etapa: “Veamos todo el camino para terminar cerrando un acuerdo que le sirva a todos”.