El Gobierno de Río Negro sigue de cerca, en Punta Colorada, los controles sobre el ducto offshore de VMOS. La provincia acompaña esta etapa de la obra verificando su calidad constructiva y ambiental, un paso previo a la futura conexión con el sistema de carga en altamar.
Las inspecciones provinciales forman parte de un seguimiento permanente sobre una infraestructura que va a conectar el oleoducto terrestre con las instalaciones marítimas desde donde se cargará el petróleo en los buques. No es una revisión puntual, sino un control que se sostiene en el tiempo.
En esta instancia puntual, los equipos técnicos se concentran en las soldaduras que van a unir los distintos tramos de cañería submarina. La fiscalización incluye los procedimientos utilizados, la calificación de los soldadores, el registro de cada unión y los ensayos de calidad realizados.
Un mismo sistema
Para entender la escala de esta etapa conviene pensar el VMOS como un solo recorrido, que atraviesa toda la provincia de Río Negro y sigue varios kilómetros mar adentro. Nada de esto funciona como tramos aislados: es un sistema integrado de punta a punta.
En Allen va a estar uno de los puntos centrales de operación. Desde ahí se impulsará el petróleo por el oleoducto hasta la terminal de Punta Colorada, y una vez lista la infraestructura, el crudo va a demorar unas 48 horas en completar ese trayecto.
Desde la costa, el circuito sigue bajo tierra y después bajo el mar. Para cruzar el sector costero se usa la Perforación Horizontal Dirigida, una técnica que permite colocar la tubería debajo de la playa y del fondo marino sin abrir una zanja en la superficie.

Cómo se coloca un oleoducto en el fondo del mar
De esta forma, la cañería aparece bajo el agua a unos 700 a 750 metros de la costa, y ahí empieza el tramo que se extiende hacia las instalaciones de carga ubicadas mar adentro. El trabajo, a partir de ese punto, cambia por completo de lógica.
La tarea se hace desde un buque especializado. Sobre la embarcación se van soldando tramos sucesivos de cañería de 38 pulgadas, que además llevan un revestimiento especial de hormigón para resistir las condiciones del fondo marino.
Mientras el buque avanza, la tubería baja de forma progresiva hasta apoyarse sobre el lecho marino. El sistema genera una curva suave entre la embarcación y el fondo, parecida a una “S”, por lo que este procedimiento se conoce como S-lay.
La conexión final con los buques
Es justamente sobre estas uniones donde se concentra parte del seguimiento técnico provincial, porque cada soldadura forma parte de una infraestructura que después va a pasar por distintas verificaciones antes de entrar en operación.
El ducto offshore va a tener unos siete kilómetros y va a llegar hasta estructuras submarinas conocidas como PLEM, donde se distribuye y controla el flujo antes de seguir hacia las dos monoboyas que integran el sistema de exportación.
Las monoboyas van a funcionar como grandes puntos de conexión flotantes entre el oleoducto y los buques. Aunque se las vea flotando en superficie, van a estar sujetas al fondo con cadenas y anclas, y cuando un petrolero llegue para cargar, se amarra ahí y recibe el crudo a través de mangueras flotantes, con la posibilidad de girar según el viento y las corrientes.