Aconcagua Energía, la compañía que hace pocos meses estuvo al borde de la quiebra, encara un relanzamiento que busca dejar atrás su etapa más difícil. La petrolera no solo reperfiló su deuda y consiguió una inyección de capital clave, sino que ahora decidió cambiar de nombre para reflejar el inicio de una nueva vida empresarial.
El desembarco de Pablo Iuliano como CEO, junto al ingreso de Tango Energía, controlada por Vista Energy y Trafigura, fueron el punto de partida de este proceso de reconversión. Con el 94% de adhesión de los acreedores al plan de reestructuración, la compañía evitó el colapso financiero y abrió el camino para reposicionarse dentro del mapa energético argentino.
El relanzamiento de Aconcagua
El cambio de nombre no es solo una cuestión estética o de marketing. Se trata de un gesto hacia adentro y hacia afuera de la compañía, un símbolo de que la etapa marcada por la pesada deuda quedó atrás. Según explicaron desde la empresa, la nueva identidad refleja la vocación de crecimiento, eficiencia y cercanía con las comunidades donde opera.
Pablo Iuliano aseguró que esta transformación busca enviar una señal clara al mercado. “Tenemos una nueva vida. Con el capital de trabajo aportado y un plan sólido, estamos listos para ser una compañía pujante”, sostuvo el ejecutivo en diálogo con eolomedia.
Durante gran parte de 2024, la petrolera estuvo en la cuerda floja. La deuda acumulada amenazaba con llevarla a la quiebra. El acuerdo con Tango Energía, que capitalizó la compañía con US$36 millones y tomó el control del 90% de las acciones, fue decisivo para darle aire.
Con esa base financiera asegurada, el nuevo management se enfocó en la eficiencia operativa. En lo inmediato, la prioridad es recuperar la producción en los campos convencionales, muchos de ellos afectados por años de falta de mantenimiento. El propio Iuliano proyectó un crecimiento de entre 5% y 10% hacia fin de año en esos activos.

Una estrategia de dos frentes
La nueva identidad de la empresa también está asociada a su estrategia dual. Por un lado, estabilizar los activos convencionales, mejorando costos y productividad. Por otro, preparar el terreno para un ambicioso plan no convencional en la provincia de Río Negro.
El CEO explicó que ya mantuvieron reuniones con el gobernador Alberto Weretilneck y con la secretaria de Energía, Andrea Confini, para presentar el proyecto que será elevado en el corto plazo. Se trata de bloques que, según Iuliano, tienen un gran potencial para el desarrollo shale y que podrían convertirse en el verdadero motor de crecimiento de la compañía.
Un cambio cultural
Otra de las decisiones que acompañan la transformación de la empresa es la mudanza de su sede principal a la ciudad de Cipolletti. El objetivo es que la nueva identidad no sea solo un nombre distinto, sino un cambio cultural profundo.
“La mayoría de nuestra gente vive en Río Negro. Queremos estar cerca de las operaciones y no manejar la compañía desde 1.200 kilómetros de distancia”, subrayó Iuliano. Esa cercanía busca fortalecer la relación con la provincia y con las comunidades locales, un aspecto que la empresa considera fundamental para consolidar su futuro.