Las pequeñas y medianas empresas (pymes) de servicios petroleros atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años en la Cuenca del Golfo San Jorge. La salida de grandes operadoras, los cambios en los contratos y la reconfiguración productiva impactaron de lleno en la actividad. El escenario se traduce en menor demanda, incertidumbre laboral y dificultades financieras.
La transición que comenzó tras la salida de YPF y el avance de nuevos operadores dejó a muchas pymes en una situación vulnerable. La pérdida de volumen, el retraso en los pagos y la renegociación de contratos se volvieron parte del día a día para decenas de firmas locales.
En diálogo con eolomedia, Héctor Boris Mansilla, vicepresidente de la Cámara de Empresas Regionales de Servicios Petroleros de la Cuenca del Golfo San Jorge, analizó el presente del sector, las consecuencias del cambio de operadores y las perspectivas para las empresas regionales.

Reconfiguración de la cuenca y concentración empresaria
“El formato que se dio en Chubut con la salida de YPF, también se repitió en Santa Cruz Norte. Eso generó una concentración con dos aristas: por un lado, una actividad sobredimensionada y, por otro, la necesidad de un ajuste que, más allá de cómo se haga, era inevitable”, afirmó el empresario.
Según Mansilla, este proceso no solo impactó en Chubut, sino también en Santa Cruz, especialmente en la zona norte, que mantiene un vínculo productivo directo con Comodoro Rivadavia. La reorganización del mapa petrolero redujo el margen de maniobra de muchas empresas.
Uno de los efectos más visibles fue la revisión de costos impulsada por algunas operadoras, que solicitaron una baja en las tarifas de los servicios tras asumir áreas maduras.
“Los contratos y los estándares de calidad y seguridad que tenía YPF quedaron un poco en el camino. Se incorporaron empresas con otro nivel de prestación. Algunas todavía no tienen la actualización como operadores, pero fueron seleccionadas de contratos que se distribuyeron en forma proporcional desde YPF”.
El dirigente explicó que, en varios casos, las nuevas operadoras respetaron los acuerdos originales mientras avanzaban en negociaciones más acordes a sus planes de inversión. Sin embargo, aclaró que ese comportamiento no fue uniforme y que depende, en gran medida, de la estrategia de cada compañía.
“Hay operadoras que rescindieron contratos, otras que no se manifestaron y algunas que directamente no solicitaron servicios. También se retrasaron pagos. Estamos buscando un piso real para saber cuál va a ser la actitud frente al desafío de aumentar la producción”.

Más de 20 pymes fuera del sistema
La incertidumbre contractual se convirtió en una de las principales preocupaciones del sector. La falta de definiciones claras dificulta la planificación, afecta la inversión en equipos y limita la posibilidad de sostener el empleo.
Mansilla estimó que el impacto se refleja en el cierre de empresas y en la pérdida de capacidades técnicas acumuladas durante décadas. A su entender, el número de firmas afectadas creció en paralelo a la reconfiguración productiva.
“Arrancamos con quince empresas y ahora, sumando lo que incide en Santa Cruz Norte, podemos hablar fácilmente de 22 afectadas. Y no solo son empresas: nadie habla de los profesionales, técnicos y oficiales especializados que sostuvieron estas firmas y que hoy pagan un alto costo”.
El dirigente remarcó que, más allá de la atención puesta en los trabajadores sindicalizados, existe una franja de personal calificado que quedó fuera del debate público. Ingenieros, supervisores y técnicos especializados enfrentan un escenario de escasas oportunidades laborales en la región.

La alternativa de migrar hacia Vaca Muerta apareció como una opción para algunas compañías tras la pandemia. Sin embargo, el proceso no resultó sencillo y estuvo condicionado por barreras técnicas y regulatorias en Neuquén.
“El cambio de operadores fue un golpe certero para la economía de las compañías que crecieron con YPF y PAE. Son muy pocas las que pudieron emigrar a Neuquén, porque el no convencional requiere otra estructura y otras condiciones para trabajar”.
Para Mansilla, la dinámica del shale demanda mayor escala, inversiones más elevadas y una logística distinta, lo que deja afuera a muchas pymes tradicionales del convencional. Frente a esa realidad, varias empresas optaron por reducir su actividad y esperar una recomposición del mercado.
“Los que estamos en la franja de las pymes vemos que llegó el momento en que los yacimientos maduros tienen que vivir de lo que producen. Tarde o temprano van a recurrir a empresas con mejor precio, calidad y seguridad. Si los números no cierran, van a entender que el objetivo es producir y hacerlo rentable”, subrayó.