Señal de alerta: Shell analiza vender sus activos en Vaca Muerta

Shell evalúa una salida parcial o total de Vaca Muerta en el marco de un reordenamiento global de su portafolio de activos. Según reveló la agencia Reuters, la petrolera anglo-holandesa ya habría contactado a posibles interesados para desprenderse de sus participaciones en la formación no convencional, aunque la operación todavía no está definida.

De concretarse, la decisión representaría un fuerte impacto simbólico para el desarrollo de Vaca Muerta. Shell fue uno de los primeros grandes jugadores internacionales en apostar por el shale argentino, con su desembarco en 2012. Sin embargo, fuentes citadas por Reuters aclararon que la venta no está garantizada y que la compañía aún podría optar por conservar sus activos. Shell, por el momento, evitó hacer comentarios oficiales.

El posible movimiento se conoce pocas semanas después de que la empresa anunciara su retiro del proyecto Argentina GNL, la iniciativa de exportación de gas natural licuado liderada por YPF. Shell había llegado a tener una participación del 50% en ese desarrollo, del que se bajó formalmente a fines de diciembre de 2025.

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Shell reordena su porfolio

La estrategia responde a un proceso más amplio de reorganización interna impulsado desde la llegada de Wael Sawan como CEO global. En ese marco, Shell viene desprendiéndose de activos para mejorar su rendimiento financiero y equilibrar sus inversiones entre petróleo, gas y energías renovables. En línea con esa política, la compañía también planea abandonar el yacimiento sirio de al-Omar y analiza vender su participación en LNG Canada, según informó Reuters.

En la Argentina, Shell posee activos de peso en Vaca Muerta. Tiene el 90% de participación en los bloques Cruz de Lorena, Sierras Blancas y Coirón Amargo, y un 50% del área Bajada de Añelo, que comparte con YPF. Se trata de áreas estratégicas dentro del núcleo productivo de la Cuenca Neuquina.

La posible salida de Shell contrasta con el buen momento que atraviesa el sector energético local. Esta semana, el Gobierno nacional anunció el mayor superávit de la balanza comercial energética en 33 años, con un saldo positivo de US$ 7.800 millones, impulsado principalmente por el crecimiento de la producción en Vaca Muerta.

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El antecedente: la salida de Argentina GNL

En diciembre de 2025, Shell confirmó su retiro del proyecto Argentina GNL, una iniciativa clave para monetizar el gas de Vaca Muerta mediante exportaciones por hasta US$ 15.000 millones anuales. En su comunicado, la empresa buscó relativizar el impacto de la decisión y explicó que su participación se había limitado a la etapa de pre-FEED, una fase preliminar de evaluación técnica y económica.

“Shell decidió no avanzar con la fase inicial del proyecto”, señaló la compañía, aunque aclaró que continuaba analizando opciones de expansión junto a YPF. Sin embargo, la presión de la petrolera estatal para acelerar los plazos y la incorporación de nuevos socios —la italiana ENI y la emiratí Adnoc— habrían influido en la decisión final.

Ya en noviembre, el CEO de YPF, Horacio Marín, había anticipado públicamente que la salida de Shell no sería un obstáculo para avanzar. “Estamos trabajando para cerrar el acuerdo, pero si no es Shell será otra compañía”, afirmó durante el Forbes Energy Summit.

En paralelo, MidOcean Energy LLC —firma en la que invierte Saudi Aramco— mantiene conversaciones preliminares para sumarse al proyecto, según informó Bloomberg. Incluso el presidente Javier Milei se reunió recientemente con ejecutivos de la compañía en Buenos Aires. JPMorgan, en tanto, está a cargo de estructurar la financiación para atraer unos US$ 14.000 millones, cerca del 70% del capital necesario.

El proyecto contempla la instalación de al menos dos buques de licuefacción flotantes frente a la costa atlántica, con una capacidad conjunta de 12 millones de toneladas anuales, y no se descarta sumar una tercera unidad en una etapa posterior.

“Argentina es clave para que Europa pueda diversificar su matriz energética”

La transformación del mercado argentino de GNL (gas natural licuado) se aceleró en la última década y abrió un nuevo escenario para las compañías. Después de años en los que Argentina debió importar volúmenes crecientes, la combinación de Vaca Muerta, la expansión del sistema de transporte y el marco del RIGI comenzó a cambiar el mapa.

En ese contexto, Gabriela Aguilar, gerente general de Excelerate Energy en Argentina y VP para Latinoamérica, explicó a qué se enfrenta hoy la compañía y cómo se reconfiguró la conversación con los accionistas internacionales.

Argentina, en el año dos mil trece, importó ciento seis cargamentos de GNL. Era necesario”, recordó Aguilar en el marco del Energy Day, organizado por Econojournal. Con los años, esa demanda cayó de forma notable. “Este año, importó veinticuatro cargamentos, y con el gasoducto de TGS muy probablemente ese volumen también vaya a decrecer”, señaló.

Sin embargo, para Excelerate, la reducción de las necesidades de importación no implica dejar de tener un rol estratégico. Aguilar remarcó que la industria del GNL está atravesada por su capacidad de adaptarse a los cambios: “La naturaleza del GNL es su naturaleza flexible”.

La flexibilidad del GNL y el valor de la infraestructura

La ejecutiva recordó que ese cambio de paradigma no es reciente. “A partir del dos mil cinco, donde se inició el camino de barcos regasificadores, se dinamizó muchísimo más toda la industria del GNL”, explicó. Ese avance también abrió espacio a nuevas tecnologías: “Incluso después también la licuefacción flotante”.

Antes de ese punto de inflexión, todo el mercado estaba estructurado bajo un modelo rígido: “Todo lo que era antes del dos mil cinco era un short, que requería procesos de decisión, de financiación y de construcción muy largos, incluso en términos de footprint y medioambiental”.

Para Aguilar, la irrupción del GNL no convencional permitió acelerar tiempos y optimizar la infraestructura. Por eso defendió el rol de los barcos de regasificación aún en escenarios de mayor producción interna: “No tiene sentido desarrollar infraestructura de gasoductos para un pico de demanda durante cincuenta días. En todo el mundo existen estas facilidades”.

Según afirmó, la presencia del GNL se volvió un componente esencial de la seguridad energética, incluso para países con desarrollo gasífero local. “Lo que brinda es seguridad energética. Y maximizar la infraestructura que se tiene”, sostuvo.

El RIGI, Alemania y el desafío de contratos de largo plazo

Uno de los puntos centrales de la transición hacia la exportación de GNL fue la creación del RIGI, que permitió dar previsibilidad regulatoria y fiscal. Aguilar destacó la importancia del marco para avanzar hacia acuerdos concretos: “Era lo que nos estaba faltando. El gran paso ha sido establecer el RIGI”.

El proyecto de exportación a Alemania marcó un hito clave. “Estructurar un proyecto y un contrato de exportación con Alemania es sumamente complejo, y va a dar para mucho más”, señaló. Para la ejecutiva, asegurar contratos de largo plazo en este sector es especialmente difícil, por lo que cualquier avance requiere estabilidad institucional.

A modo de referencia, comparó con la experiencia de Estados Unidos: “En el año dos mil quince, no exportaba ni una sola molécula de GNL. Todos los proyectos eran onshore y requerían inversiones enormes, toma de decisiones y seguridad regulatoria y política de largo plazo”.

La región: seis terminales en Brasil y una demanda que se expande

El análisis de Aguilar sobre el mercado latinoamericano también muestra por qué Argentina puede tener un rol creciente. En Brasil, el panorama es dinámico: “Brasil tiene seis terminales de importación de GNL, de las cuales dos estamos también allí”. Y la perspectiva es expansiva: “Ahora en marzo se va a llevar a cabo la nueva licitación de generación eléctrica, con expectativa de mayor cantidad de terminales”.

La demanda regional también está marcada por shocks recientes. “Colombia hoy por hoy está pasando una situación de crisis y va a necesitar importar mayores volúmenes de GNL”, explicó. A su vez, Chile y Uruguay podrían sumar necesidades adicionales, mientras que en el Caribe avanza un nuevo tipo de negocio. “Hoy por hoy no solamente son mercados flexibles de corto plazo, sino también pequeña y mediana escala. Ese es el caso del Caribe”.

Pero el principal argumento para el crecimiento de Argentina como proveedor es geopolítico: la diversificación. “Europa lo que busca es no tener un solo proveedor. Esto le pasó a Chile y le pasó a Europa con la invasión de Rusia a Ucrania”, señaló. En ese contexto, “Argentina crece de a poquito, pero tiene un enorme potencial”.

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Argentina y una mirada de largo plazo

Consultada sobre precios, Aguilar evitó hacer pronósticos cerrados. “La verdad que es muy difícil hablar de precios”, afirmó. La ejecutiva prefiere analizar la cuestión desde otra perspectiva: “No hay que enfocarse en el precio. Esta es una decisión de largo plazo”.

Según explicó, el GNL responde a una lógica más amplia: “Es la respuesta a la sustentabilidad, a sustituir combustibles fósiles líquidos que son más caros y más contaminantes”. Por eso sostuvo que “la demanda va a estar motivada más por otros componentes que por solo pricing”.

La visión de Rodolfo Freyre, VP de Gas y Energía de PAE, complementa el análisis. “Si uno mira lo que es precios de GNL para adelante, ve un escenario más a la baja respecto de dónde veníamos, sobre todo con la entrada de proyectos en construcción en Estados Unidos”, dijo.

El ejecutivo también detalló cómo se estructuran las ventas internacionales: “El GNL lo vendés a indicadores como porcentaje de Brent, fórmulas de Henry Hub, o índices como el JKM asiático o el TTF europeo. Vamos a terminar vendiendo un poco a todo, porque no te podés casar con ninguno”.

Pero la clave, sostuvo, no está en la fórmula sino en la competitividad estructural: “La pregunta es si mi proyecto es competitivo o no”. En ese sentido, coincidió con Aguilar: “El RIGI es fundamental para mantener la competitividad”.

Freyre también puso sobre la mesa el desafío productivo: “Tenemos que hacer el ramp up de producción. Crecer veintiocho millones de metros cúbicos en dos o tres años es muchísimo”. Y recordó que la puja entre petróleo y gas en los portafolios complica aún más la ecuación. “No crecés de un día para el otro