“Vaca Muerta decide quién gana, no el precio del Brent”

Todo arranca con un solo pozo. Uno de tipo estándar en Vaca Muerta produce cerca de 1,05 millones de barriles, cuesta unos 15 millones de dólares perforarlo y da una rentabilidad en dólares del 15% si el crudo se mantiene cerca de los 48 dólares el barril. Pero esa cuenta esconde una letra chica.

“Ese número solo cierra si el pozo se conecta a una infraestructura que ya existe”, sostuvo Nicolás Ziperovich, fundador y Managing Director de Lumina Energy Solutions, en su cuenta de LinkedIn. Un operador nuevo no tiene esa infraestructura: la tiene que construir él mismo, ductos, plantas de tratamiento, manejo de agua, y ese costo se paga una sola vez.

Ahí está el punto que Ziperovich quiere marcar. Ese gasto de infraestructura es el mismo si se perforan diez pozos o doscientos, así que cuanto más se reparte, más liviano pesa sobre cada barril. La escala deja de ser una opción y pasa a ser la variable que ordena todo el negocio.

“La escala no es un bonus acá, es casi todo el juego”, aseguró el exCeo de San Antonio Internacional (SAI) sobre este esquema. Con la infraestructura como costo fijo, el mismo yacimiento rinde números muy distintos según cuántos pozos entren en el plan de desarrollo.

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Cuatro escalas, un mismo yacimiento

Con un solo equipo de perforación y 45 pozos en tres años, el breakeven ronda los 57 dólares por barril y la inversión total es de unos 950 millones de dólares. Con dos equipos y 90 pozos, el costo baja a 53 dólares.

La escalera sigue bajando: con tres equipos y 135 pozos el breakeven llega a 51 dólares, y en una plataforma de 225 pozos cae a 50 dólares, con un compromiso de capital de 3.700 millones de dólares. Con el Brent hoy entre 65 y 72 dólares, toda esa escalera funciona. “El capital se vuelve más eficiente cuanto más abajo bajás en esa escalera”, consideró Ziperovich.

La cuenta, dice, no deja margen para pensar en chico: en Vaca Muerta la escala aparece incluso antes de que el proyecto lo pida.

No hay equipos de perforación disponibles en Neuquén para alquilar por un par de pozos. El que entra importa un equipo y firma un contrato mínimo de tres años, lo que ya implica unos 45 pozos y cerca de mil millones de dólares comprometidos antes de ver una gota de petróleo.

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RIGI, la pieza que hace bancable la apuesta

“Suena aterrador, pero es justo lo que te ubica en la parte buena de la curva”, planteó Ziperovich sobre ese primer compromiso. Firmar por tres años un equipo obliga a pensar en escala desde el pozo número uno, y esa obligación termina siendo la que baja el costo por barril.

Ahí entra el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. El RIGI baja el impuesto a las ganancias del 35% al 25%, elimina de forma escalonada los derechos de exportación e incluye a los bienes de capital importados, como los equipos de perforación, sin aranceles ni IVA.

También fija por 30 años las reglas impositivas, aduaneras y cambiarias, algo clave para un activo que gana en dólares y necesita tomar deuda en dólares. Ziperovich lo cuantifica: el RIGI vale entre 3 y 4 dólares por barril de breakeven.

“El verdadero aporte del RIGI es que convierte un contrato de tres años y una década de perforación en algo que un banco y un directorio pueden firmar”, explica el fundador de Lumina. Sin ese marco, dice, ninguna de las cuatro escalas del modelo sería financiable en la práctica.

La pregunta ya no es si funciona

Nada de esto es teórico. En la cola de proyectos del RIGI ya están YPF, Pluspetrol y Chevron, con planes de entre 20 y 30 años y compromisos por miles de millones de dólares. GeoPark, por su parte, invierte unos 1.000 millones de dólares en tres años para llevar un bloque de 1.500 a 20.000 barriles diarios.

Para seguir esa cuenta pozo por pozo, Lumina construyó una herramienta propia. “Me cansé de correr esto en planillas de cálculo”, afirmó Ziperovich, así que la volcó en un modelo con datos oficiales de producción de cada bloque y un control para mover el precio del Brent.

Los mejores bloques producen hasta 2,3 veces más que los marginales, y algunos siguen sin cerrar la cuenta ni con el Brent en 70 dólares. “La roca, no el precio, decide quién gana”, sintetizó Ziperovich.

 

Paolo Rocca habló de la volatilidad global y defendió la oportunidad energética de Argentina

En medio de su disputa pública con Javier Milei, quien lo tildó de “empresario prebendario”, el CEO de Techint, Paolo Rocca, participó este lunes en un panel de la CERAWeek, la conferencia energética más influyente del mundo, donde analizó la volatilidad global y las oportunidades a largo plazo para la Argentina. Durante su intervención evitó referirse al cruce con el Presidente, y se enfocó en la estrategia corporativa ante un escenario internacional marcado por tensiones crecientes.

Rocca señaló que la compañía busca identificar sectores con una perspectiva sólida de inversión, incluso en entornos fragmentados. “La fragmentación y los conflictos pueden volverse parte intrínseca del sistema; aun así, a largo plazo veo oportunidades claras, especialmente en la producción de petróleo y la energía en Argentina, y es allí donde estamos concentrando nuestra atención e invirtiendo”, afirmó el ejecutivo, frente a una sala colmada de referentes de la industria.

La exposición tuvo lugar en el panel “Estrategia energética global: convergencia y competencia”, donde compartió escenario con el presidente de Google Cloud, Matt Renner, y el director ejecutivo adjunto de Repsol, Luis Cabra. La moderación estuvo a cargo del vicepresidente senior de S&P Global Energy, Atul Arya.

La visión de Paolo Rocca

El ejecutivo profundizó en el impacto de la fragmentación global sobre la industria de servicios y, en particular, en cómo afecta los precios y la disponibilidad de energía. Mencionó la disparidad entre el precio del gas en Europa, en comparación con Estados Unidos, Argentina u otros mercados, lo que obliga a las empresas a ampliar su capacidad operativa para sostener cadenas de suministro robustas. “A veces es necesario duplicar inversiones en distintos escenarios geográficos para garantizar nuestra capacidad de prestación”, indicó.

El CEO subrayó que la volatilidad se ha convertido en el rasgo dominante del mercado energético, lo que obliga a replantear estrategias de abastecimiento. “La fragmentación de las rutas comerciales y otros eventos disruptivos exigen un sistema capaz de responder en todos los eslabones de la cadena”, sostuvo.

Durante la primera parte de su exposición, Rocca analizó el primer año del segundo mandato de Donald Trump y sus impactos globales. Señaló que las políticas arancelarias y el giro en la estrategia de descarbonización introdujeron un nivel de incertidumbre que afecta a todo el ecosistema energético. “Esto ha debilitado a varias organizaciones globales y ha modificado por completo las reglas del juego”, remarcó.

Competitividad industrial

Rocca también se refirió a la relación entre Canadá, México y Estados Unidos, un triángulo clave para la competitividad industrial del continente. Describió un escenario de negociaciones tensas, condicionado por los cambios arancelarios impulsados por la administración estadounidense. “Todo esto deriva en mayor volatilidad e incertidumbre”, advirtió, sumando además la escalada en el conflicto en Medio Oriente.

En el cierre del panel, el titular de Techint planteó la necesidad de redefinir cómo se mide la competitividad industrial en un contexto energético globalizado. Explicó que, para una compañía con operaciones que abarcan desde el mineral de hierro hasta servicios para la industria del petróleo y el gas, cualquier falla en un eslabón compromete el resultado final. “Por eso abordamos la estrategia desde una visión integrada”, precisó.

Al referirse específicamente a las cadenas de suministro, Rocca describió los desafíos derivados de la ruptura de relaciones comerciales y la dificultad para acceder a equipos fabricados en China o a materiales críticos. “La volatilidad actual nos obliga a diseñar alternativas y nuevos caminos para garantizar la provisión de servicios. Nuestra estrategia se adapta a esta realidad”, concluyó.