El mercado internacional del petróleo vivió el miércoles una de sus jornadas más volátiles del año. Tras el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre un alto el fuego de dos semanas con Irán, el precio del crudo se hundió por debajo de los US$100 por barril, sacudiendo a inversores y operadores globales en un contexto ya atravesado por fuertes tensiones geopolíticas.
El movimiento se produjo luego de que Trump afirmara que Teherán había aceptado reabrir de inmediato y de manera segura el Estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta. Por allí circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, un punto crítico cuya eventual interrupción alimentó nerviosismo desde el inicio del conflicto.
Según datos de mercado, los futuros del Brent cayeron US$18,27, equivalentes a un 16,72%, ubicándose en US$91, mientras que el WTI retrocedió 18,13%, hasta US$92,47. Los precios del diésel europeo también sufrieron un derrumbe profundo de poco más del 20%, mostrando la sensibilidad de todo el complejo energético ante señales de desescalada.
Una volatilidad sin precedentes en el mercado energético
La caída inicial del Brent moderó su velocidad tras el reporte de un ataque contra el estratégico oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, pero la tendencia bajista se reanudó rápidamente. El crudo marcó un nuevo piso intradiario de US$90,40, reforzando la lectura de que los inversores estaban descontando una reducción de riesgo tras semanas de tensión extrema.
De acuerdo con el analista Giovanni Staunovo, de UBS, los operadores están priorizando la perspectiva de desescalada, lo que explica el fuerte desprendimiento de posiciones en petróleo. La tregua anunciada por Trump llegó además horas antes de su propio plazo límite para que Irán reabriera Ormuz o enfrentara ataques contra su infraestructura civil.
La situación dio un giro dramático luego de que el mandatario estadounidense publicara que se trataba de un “ceasefire de doble vía”. Irán respondió que detendría sus ataques si cesaban los bombardeos estadounidenses y que garantizaría un tránsito seguro en el estrecho durante las dos semanas de tregua.

Las negociaciones avanzan y el suministro podría normalizarse
Funcionarios iraníes aseguraron a Reuters que el país podría abrir el corredor marítimo de forma limitada y controlada entre jueves y viernes, previo a la reunión prevista entre representantes estadounidenses e iraníes en Pakistán. Se estima que entre 10 y 13 millones de barriles diarios quedaron retenidos detrás del Estrecho de Ormuz durante el pico del conflicto.
El analista Tamas Varga, de PVM Oil, sostuvo que la liberación del suministro debería producirse de manera gradual. Sin embargo, advirtió que la recuperación del equilibrio previo dependerá estrictamente de si el alto el fuego se transforma en un acuerdo duradero durante las negociaciones bilaterales.
En paralelo, compañías navieras buscan claridad sobre los protocolos logísticos y refinadores de distintas regiones ya solicitaron información sobre nuevas cargas disponibles, una señal de que el mercado está intentando evaluar la velocidad de normalización del comercio.
Impacto regional y advertencias sobre riesgos persistentes
La tregua no eliminó completamente el riesgo geopolítico. Varios estados del Golfo identificaron lanzamientos de misiles y drones, y emitieron advertencias a la población para refugiarse. Para el analista Vivek Dhar, del Commonwealth Bank, aún existe margen para que un “premium geopolítico” se mantenga en los precios del petróleo durante el corto y mediano plazo.
Trump afirmó que Estados Unidos recibió una propuesta iraní de 10 puntos, considerada por Washington como una base razonable para la negociación. El mandatario sostuvo que ambas partes están “bien encaminadas” hacia un entendimiento más amplio que incluya cuestiones comerciales y posibles alivios de sanciones.
En declaraciones posteriores, Trump señaló que Estados Unidos trabajará en conjunto con Irán para avanzar en una hoja de ruta que garantice un escenario de mayor estabilidad regional, una condición clave para la evolución futura del mercado energético.
Los inversores reacomodan sus estrategias tras el shock
La caída del petróleo reconfiguró en cuestión de horas las estrategias de inversores globales, que ahora buscan identificar oportunidades surgidas de la volatilidad extrema. Con la tregua en marcha y sin claridad sobre su sostenibilidad, muchos operadores optan por posiciones de más corto plazo, buscando capturar movimientos rápidos en activos desajustados por el conflicto.
Uno de los focos principales es la expectativa de un petróleo “más alto por más tiempo”. Aunque el precio retrocedió con fuerza, los futuros a seis meses se negocian alrededor de US$79, más altos que antes del conflicto. Analistas creen que incluso una tregua sostenida dejaría el crudo con un piso cercano a US$85 hacia fin de año.
Este escenario impulsó cierto optimismo entre inversores hacia compañías energéticas tradicionalmente relegadas, mientras que gigantes como Shell anticiparon mejores resultados en sus operaciones de trading.

Monedas, bonos y oportunidades de arbitraje
La evolución del conflicto también repercutió en mercados cambiarios. Si el riesgo disminuye y el precio del petróleo se mantiene elevado, monedas de países productores como Canadá y Noruega podrían fortalecerse frente al dólar, según estimaciones de gestores globales.
En el mercado de deuda, la promesa de un alto el fuego provocó una fuerte caída en los rendimientos de bonos británicos y europeos. Aunque el alivio fue inmediato, algunos administradores sostienen que los rendimientos continúan demasiado altos frente a las expectativas de inflación.
La volatilidad también generó anomalías de precios entre sectores que normalmente no se mueven en conjunto. Especialistas señalan que en mercados dominados por el sentimiento, quienes detecten estas distorsiones podrían encontrar oportunidades tácticas significativas.
