PECOM vuelve al ruedo: de 7.000 a 50.000 barriles diarios en menos de un año

La Cuenca del Golfo San Jorge vive un recambio que pocos imaginaban hace cinco años. La salida de YPF de buena parte de sus campos maduros abrió la puerta a operadoras de capital nacional dispuestas a apostar por el petróleo convencional, un negocio que muchos daban por agotado frente al brillo de Vaca Muerta y que hoy vuelve a atraer inversiones.

PECOM es el caso más visible. En la AOG Patagonia 2026, su CEO, Horacio Bustillo, contó cómo la empresa del grupo Pérez Companc pasó, en menos de un año, a ubicarse “entre los principales productores de petróleo del país”. Y lo hizo, remarcó, sin pisar el no convencional.

“Vuelta al ruedo creo que es una buena definición”, aceptó Bustillo cuando el moderador le pidió explicar la transformación. Reconoció que el crecimiento fue muy acelerado, “en algunos sentidos un poco más rápido de lo que quisimos”, y que dentro de la compañía se respira una energía especial por haber regresado a la operación.

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El sueño de Luis Pérez Companc

El regreso tiene un nombre propio. Según Bustillo, nace de un sueño del accionista, Luis Pérez Companc, que quiere recuperar algo del PECOM de antes: un grupo con negocios en varios verticales y una presencia muy fuerte en upstream. La compañía había vendido sus activos petroleros a Petrobras en 2003.

La vuelta se apoyó en lo que ya existía. PECOM tiene desde hace más de diez años una plataforma de servicios petroleros con presencia sólida en el mercado, además de su negocio de ingeniería y construcción. Sobre esa base decidió volver a operar yacimientos en 2024, con la compra de áreas que YPF dejaba en Chubut.

El primer paso fue más tímido: El Trébol-Escalante, que llegó a producir unos 7.000 barriles diarios. Este año, en cambio, la empresa vio la oportunidad y decidió invertir unos 900 millones de dólares. El movimiento central fue el ingreso a Manantiales Behr, el área convencional más grande que operaba YPF, hace cinco o seis meses.

Con ese yacimiento, PECOM pasó de 7.000 a unos 30.000 barriles diarios. Con la incorporación de El Corcobo, el bloque al norte del Río Colorado que adquirió a Pluspetrol y a YPF, espera llegar a los 50.000 barriles hacia fin de año. “Vuelta al ruedo de una forma bastante acelerada”, resumió.

Un nicho: crudo viscoso y polímeros

El objetivo inicial fue consolidar una plataforma de 50.000 barriles, un volumen que, según Bustillo, le da a la empresa una presencia relevante en el mercado. Pero la elección de los campos no fue casual: apuntaron a yacimientos con reservas incrementales que puedan desarrollarse con recuperación terciaria.

“Básicamente, crudo viscoso que no haya sido barrido de una forma suficientemente eficiente por la secundaria”, precisó. El Trébol, el complejo Manantiales y El Corcobo comparten ese perfil, y allí la empresa concentra toda su energía con un esquema basado en la inyección de polímeros.

El desafío, admitió, es doble. Por un lado, son campos convencionales donde rige la ortodoxia de siempre: “Eficiencia, eficiencia, eficiencia”. Por el otro, sobre el mismo campo y con los mismos equipos hay que desarrollar nuevas reservas. “Es una estrategia muy de nicho, pero no por eso chica. 50.000 barriles es un buen número”, dijo.

A eso se suma armar prácticamente desde cero una compañía de upstream. “Si pensamos que a principio de año producíamos 7.000 barriles y vamos a terminar en 50.000, es enorme el cambio que hay detrás”, explicó. Todo el andamiaje organizacional sigue, todavía, en obra.

La pelea por el talento

El moderador le planteó el problema que comparten todas las operadoras convencionales: Vaca Muerta se lleva profesionales y compañías de servicios. Bustillo no lo discutió. “Es un agujero negro que absorbe talento”, aceptó, y hasta llevó un código QR para que quien quisiera le acercara referencias laborales.

Aun así, cree que el convencional tiene su propio atractivo y una dinámica distinta. Cuando llegó a PECOM, hace un año, encontró un equipo sólido que ya venía trabajando, aunque no en producción de petróleo. “Fortaleciendo algunos roles, hoy tenemos un equipo muy fuerte que se le anima a esto”, afirmó.

Sobre los colores de la marca, que el moderador extrañaba en su versión azul y oro, Bustillo prefirió no entrar en el juego. “El espíritu del grupo Pérez Companc es honrar el pasado”, dijo, aunque aclaró que no todo lo que funcionó antes va a servir ahora: “Hay mucho para construir”.

Pecom pone el foco en la recuperación terciaria.

Echar raíces antes de crecer

¿Habrá más adquisiciones? “Uno nunca deja de soñar”, respondió. En el grupo, explicó, repiten que no están para gestionar negocios sino para desarrollarlos. Pero su convicción es que los próximos dos años deben dedicarse a construir las raíces de la compañía. “Hemos crecido, pero no nos hemos desarrollado”, resumió.

Para Bustillo, sostener la producción también cuenta como crecimiento. “En un campo en declino, si podemos mantener la producción en 50.000 barriles, eso es crecimiento”, planteó, y destacó el potencial de crecimiento orgánico a partir de la incorporación de reservas. Un salto adicional, dijo, queda para una segunda etapa.

El no convencional, por ahora, lo miran de lejos. “Puede estar en una agenda de futuro, pero hoy el foco es sacar adelante lo que crecimos este año”, señaló. Cuando el moderador le sugirió pedirle ayuda a Adolfo Storni, de Capsa, si alguna vez se animaba con la formación D-129, respondió: “Mucho por aprender, seguro”.

Por qué los proyectos de recuperación terciaria dejaron de ser una incógnita

La recuperación terciaria (EOR, por sus siglas en inglés) dejó de ocupar un lugar casi experimental en los planes de las petroleras argentinas y empezó a convertirse en una herramienta concreta para extender la vida productiva de los campos maduros. El cambio no ocurrió de un día para otro: fue el resultado de años de pilotos, resultados y aprendizaje operativo.

En diálogo con eolomedia, Gerardo Tennerini, fundador de GtoG Energy, explicó que ese proceso permitió bajar la percepción de complejidad que durante años acompañó a los proyectos de EOR. La experiencia acumulada en distintos yacimientos mostró que, con un buen estudio del subsuelo, existen oportunidades para recuperar petróleo remanente que no fue barrido eficientemente.

“El que se registraran algunos éxitos muy contundentes, con incremento de producción del 30% a 40%, hizo que se ponga más foco en lo que es la recuperación terciaria”, ponderó el especialista.

Pecom pone el foco en la recuperación terciaria.

Del agua al polímero

La recuperación secundaria ya tiene un desarrollo importante en Argentina, particularmente en la Cuenca del Golfo San Jorge y la Cuenca Neuquina. El mecanismo consiste en inyectar agua coproducida para sostener la presión del reservorio y barrer parte del petróleo residual, aunque el agua puede desplazarse demasiado rápido por la formación.

El problema aparece cuando esa movilidad del agua impide un barrido eficiente del petróleo que quedó atrapado en la roca. Allí entran las técnicas de recuperación terciaria. En Argentina, la alternativa que logró mayor desarrollo es la inyección de polímeros, una tecnología que modifica el comportamiento del agua dentro del reservorio.

“La inyección de polímero es una tecnología madura que puede integrarse en una secundaria existente, y en este sentido no necesita cosas extraordinarias para aplicarse, y si está aplicada en el reservorio que todavía tiene un residual por recuperar, tiene posibilidades de ser un proyecto de muy buenas características”, consideró Tennerini.

La lógica de la inyección de polímeros es relativamente directa: aumentar la viscosidad del agua para reducir su movilidad dentro de la formación. De esa manera, el fluido puede realizar un barrido más eficiente y mejorar el desplazamiento del petróleo que con la inyección convencional de agua podría quedar sin producir. El objetivo es obtener petróleo incremental.

En los últimos años, esa experiencia se acumuló en distintos proyectos de EOR en Argentina. Manantiales Behr se convirtió en uno de los casos más importantes, mientras que Diadema, operado por Capsa, y El Corcobo, desarrollado por Pluspetrol, construyeron experiencias previas que permitieron entender mejor el comportamiento de la técnica en campos maduros.

“No es más que generar un aumento de la viscosidad en el agua y al perder movilidad dentro del reservorio, genera mejores barridos y puede empujar o mover el petróleo que está en la roca de manera más eficiente”, afirmó el especialista.

Los proyectos que marcaron el camino

La evolución de la recuperación terciaria también se puede seguir a través de los proyectos que fueron ganando escala. Manantiales Behr, que durante años estuvo bajo operación de YPF y ahora es expandido por PECOM, fue uno de los desarrollos más relevantes de los últimos seis o siete años en Argentina.

Antes de ese salto ya existían experiencias consolidadas. Diadema, de Capsa, mostró un comportamiento estable y una recuperación destacada, mientras que El Corcobo, de Pluspetrol, desarrolló durante años un esquema de inyección de polímeros con resultados que ayudaron a validar la tecnología para otros campos maduros.

Después apareció Chachahuén Sur, otro proyecto que desde 2022 y 2023 mostró un crecimiento relevante de la producción. Más recientemente, PECOM comenzó a expandir sus desarrollos en El Trébol, mientras que Pan American Energy avanzó con pilotos en Cerro Dragón y analiza una expansión de la recuperación terciaria.

“Chachahuén Sur también es un proyecto muy bueno que desde 2022/2023 ha demostrado un incremento importante de producción. Y lo más reciente son los desarrollos que están expandiendo PECOM en El Trébol y los pilotos y, posiblemente, desarrollo a gran escala de Cerro Dragón en PAE”, aseguró.

La sucesión de proyectos de recuperación terciaria permitió acumular información sobre los reservorios, las instalaciones necesarias y la operación diaria. Esa experiencia también ayudó a que las compañías entendieran que no todos los proyectos requieren soluciones extraordinarias y que la inyección de polímeros puede adaptarse a determinadas condiciones sin transformar por completo la infraestructura existente.

Para Tennerini, uno de los cambios más importantes estuvo relacionado con la percepción sobre la complejidad del EOR. Durante los primeros desarrollos existía la idea de que se necesitaban condiciones de operación muy exigentes, incluso en aspectos como la calidad del agua requerida para preparar e inyectar el polímero. La experiencia fue modificando esa mirada.

“Había como una sensación de que era muy complejo hacer un proyecto de recuperación terciaria, como que los requisitos eran muy específicos. Y bueno, todo eso con el aprendizaje y viendo modelos de operación que en el mundo se estaban aplicando, se bajó un poco esa sensación”, aseveró.

Una curva distinta a la de Vaca Muerta

La comparación entre la curva de aprendizaje del EOR y la que atravesó Vaca Muerta tiene un límite importante. En el shale, las empresas fueron estandarizando perforaciones, fracturas y diseños de pozos hasta convertir el desarrollo en una operación cada vez más repetible. En recuperación terciaria, en cambio, cada campo presenta condiciones particulares que obligan a estudiar el subsuelo.

El primer paso es determinar si existe suficiente petróleo residual como para justificar la inversión. Después hay que conocer cómo se distribuye ese petróleo dentro de la formación y si las características de la roca permiten que el polímero pueda mejorar el barrido. No alcanza, por lo tanto, con replicar una receta aplicada exitosamente en otro yacimiento.

“Se necesita un modelo y un estudio específico del subsuelo para saber si existe un petróleo residual que valga la pena inyectar polímeros y si se dan las características para poder que el polímero barra el petróleo remanente“, ponderó.

Esa diferencia explica por qué la recuperación terciaria no tiene una curva de aprendizaje idéntica a la de Vaca Muerta. El conocimiento acumulado sirve para reducir riesgos y mejorar los diseños, pero no elimina la necesidad de estudiar cada yacimiento. La estrategia depende de las propiedades de la roca, los fluidos y la distribución del petróleo remanente.

Tennerini señaló que los proyectos de EOR todavía requieren un nivel de modelado del subsuelo particularmente detallado. En Vaca Muerta existe también un fuerte trabajo geológico y de ingeniería, pero la escala industrial permite avanzar sobre una lógica más repetitiva de perforación, fractura y producción. En campos maduros, el desafío es encontrar dónde queda el petróleo recuperable.

“En los de recuperación terciaria todavía es un poco más complejo el modelado y la estrategia a encarar, y depende de cada campo específicamente, así que no hay como una curva de aprendizaje en ese sentido”, subrayó el especialista.

Manantiales Behr: el bloque que explica uno de cada dos barriles de recuperación terciaria

El paso hacia proyectos modulares

La experiencia acumulada sí está generando un cambio en la forma de diseñar los proyectos de recuperación terciaria. En lugar de intentar extender una misma estrategia sobre todo un campo desde el comienzo, las compañías están avanzando hacia desarrollos modulares, concentrados primero en las zonas donde las condiciones ofrecen mayores probabilidades de obtener petróleo incremental.

La idea es reducir el riesgo de masificar un proyecto de EOR antes de conocer cómo responderá cada sector del reservorio. Una zona puede tener excelentes condiciones para el barrido con polímeros y otra, dentro del mismo campo, presentar resultados mucho más débiles. Esa heterogeneidad del reservorio puede cambiar de manera importante el valor económico del proyecto.

“Se está migrando a hacer los proyectos de manera modular, que es ir barriendo pequeñas zonas de las mejores o las que tengan mejores propiedades o donde se espere que tenga mayor petróleo residual”, afirmó.

Ese enfoque permite que la recuperación terciaria avance sobre una superficie más acotada, mida resultados y luego incorpore nuevas áreas. La estrategia busca evitar inversiones demasiado grandes en sectores que podrían no responder como se esperaba. Para las operadoras, el aprendizaje deja de estar concentrado únicamente en la tecnología y pasa también por seleccionar mejor dónde utilizarla.

PECOM relanza Manantiales Behr.

La modularidad también cambia la manera de mirar los campos maduros. En lugar de considerar al yacimiento como una unidad homogénea, las empresas pueden identificar zonas con distintas oportunidades de recuperación y ordenar las inversiones según su potencial. El objetivo es concentrar primero los recursos donde el petróleo remanente y las propiedades del reservorio justifiquen el desarrollo.

“Se trata de ir más a la malla, al punto, a recuperar, y eso sí es una estrategia que se está viendo y la están siguiendo todas las compañías acá en Argentina“, aseveró.

El avance de la recuperación terciaria en Argentina queda así asociado a una combinación de resultados, conocimiento y una forma diferente de diseñar los proyectos. La inyección de polímeros es la técnica que concentra hoy la mayor cantidad de desarrollos, mientras otras alternativas, como los surfactantes y los métodos térmicos, permanecen en etapas más acotadas o específicas.

Los proyectos que ya demostraron resultados funcionan como referencia para una industria que busca extender la producción de yacimientos maduros. Manantiales Behr, Diadema, El Corcobo, Chachahuén Sur y los nuevos desarrollos de El Trébol y Cerro Dragón forman parte de esa evolución, mientras las compañías avanzan sobre las zonas con mejores condiciones para recuperar el petróleo que todavía permanece en la roca.