Petróleo barato y ruido geopolítico: el combo que amenaza el plan de Vaca Muerta

La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela volvió a introducir un factor de incertidumbre en el mercado energético internacional. Para Juan José Carbajales, consultor y exsubsecretario de Hidrocarburos de la Nación, los efectos no serán inmediatos, pero sí relevantes para Vaca Muerta.

“Venezuela fue un gran productor de hidrocarburos, de petróleo en particular”, recordó Carbajales al analizar el contexto regional. En diálogo con Radio Con Vos, el especialista explicó que el país caribeño contaba con reservas probadas que permitían una producción sostenida, con infraestructura y mercados consolidados.

Durante años, Venezuela produjo alrededor de 3,5 millones de barriles diarios, un volumen comparable al de Brasil en la actualidad. Sin embargo, esa capacidad se fue deteriorando de manera sostenida. “Eso fue declinando, pasó después a dos millones, esto durante 15 o 20 años del chavismo”, señaló.

Según Carbajales, la combinación de la reformulación de PDVSA y el embargo internacional terminó de impactar en el nivel de actividad. “Hoy está en un poquito más de un millón [de barriles por día] o ahí rondando”, precisó, al trazar una comparación directa con la meta productiva de Argentina.

En ese marco, descartó una recuperación acelerada. “Pensar que Venezuela va a inmediatamente hacer nuevamente un gran exportador nos lleva a un mediano plazo, no vamos a ver efectos inmediatos”, afirmó.

Incertidumbre geopolítica y precios internacionales

Para Carbajales, el principal impacto en el corto plazo es la incertidumbre. “La única certeza que tenemos es que hay un conflicto geopolítico”, advirtió. Ese escenario, explicó, nunca es positivo para los mercados, ya que agrega volatilidad y dudas sobre la evolución de la oferta y los precios.

El especialista remarcó que el esquema político en Venezuela aún no está claro. “No está claro cómo va a ser el esquema político de la transición y nada de eso puede beneficiar en el corto plazo a los niveles de producción y de precios internacionales”, sostuvo.

En ese contexto, explicó que la continuidad del embargo y la falta de crecimiento productivo podrían sostener los precios en el corto plazo. Sin embargo, el panorama cambia si Venezuela logra estabilizar su producción. “Si la producción venezolana se estabiliza y puede tener un repunte, ahí sí en el mediano plazo vamos a ver otra causal de sobreoferta de crudos”, alertó.

Esa sobreoferta, según Carbajales, ya se refleja en el mercado. “Hace que sistemáticamente en los últimos años, año y medio, dos años, el precio del Brent descienda. Hoy está a menos de 60 dólares”, indicó.

Ese nivel de precios genera preocupación para Vaca Muerta. “Eso no es una buena noticia para Vaca Muerta, para los planes de inversión de las compañías”, enfatizó.

Al referirse a los costos, citó al presidente de YPF: “Dijo que el shale de Vaca Muerta, los pozos no convencionales, son rentables a 45 dólares”. No obstante, advirtió sobre las implicancias de ese umbral. “Puede ser rentable para mantener la producción, pero no para ampliar los volúmenes de inversión”.

YPF rompió una nueva marca en la perforación de Vaca Muerta.

Vaca Muerta, GNL y el riesgo de largo plazo

Carbajales advirtió que una baja de precios sostenida podría ralentizar el crecimiento de la actividad. “Si se diera esa baja del precio, los planes de inversión van a ralentizarse”, sostuvo. En ese escenario, los objetivos productivos se correrían en el tiempo. “Llegar a ese millón, millón y medio de barriles (…) ya no va a ser en el corto plazo, sino 2030”.

El impacto también alcanzaría a los proyectos de gas natural licuado. “Indirectamente los planes de exportación de GNL (…) también podrían sufrir cierta demora en los cronogramas”, explicó, en referencia a los buques licuefactores previstos para operar desde 2027.

Desde la mirada de Estados Unidos, Carbajales remarcó que el objetivo es económico. “Los recursos naturales nos tienen que servir a nuestra estrategia de América primero y a bajar los costos de los combustibles en Estados Unidos”, citó al analizar la política energética norteamericana.

Esa estrategia puede tener efectos contradictorios para Argentina. “Podrá ser una buena noticia para los consumidores (…) pero no es una buena noticia para la industria en general, que tiene planes agresivos de inversión”, advirtió.

Más allá de los precios, Carbajales puso el foco en un factor menos visible. “Algo que valoran los inversores de Argentina es que la producción no pasa por ningún estrecho”, explicó, al destacar la estabilidad logística y geopolítica del país.

Sin embargo, alertó que ese activo comienza a ponerse en duda. “Tener a la mayor potencia mundial agrediendo a un país de Sudamérica militarmente le agrega un costado que Argentina no tenía”, sostuvo.

Ese ruido regional, concluyó, puede afectar la confianza de largo plazo. “Es ponerle un signo de interrogación a algo de las pocas cosas que Argentina tenía para ofrecer” cuando sale al mundo a vender su petróleo y su gas.

Chubut perdió 56% de los pozos perforados y enfrenta su mayor crisis petrolera en décadas

La industria petrolera convencional atraviesa un deterioro profundo, visible en todas las cuencas maduras del país. El informe de la Consultora Economía & Energía advierte que la contracción alcanzó niveles inéditos durante los últimos dos años, con Chubut como la provincia más expuesta al impacto productivo y laboral.

A lo largo de la última década, la producción de petróleo convencional cayó 39% en Argentina. En paralelo, la de gas natural retrocedió 38%. Ese declino se aceleró entre 2014 y 2024 y volvió más evidente la dependencia creciente del país respecto de la Cuenca Neuquina y Vaca Muerta.

El Golfo San Jorge, corazón productivo de Chubut, experimenta una caída sostenida en los últimos años. El dato más crítico se observa en la perforación: entre enero y agosto de 2025 se perforaron 45% menos pozos que en el mismo período de 2024, y 56% menos que en 2023.

Un declive prolongado

La pérdida de actividad perforadora no es un episodio aislado sino parte de un proceso de larga duración. Desde hace veinte años, la producción convencional muestra un ritmo de caída cada vez más agudo, y en la última década este declino adoptó una pendiente más pronunciada.

Mientras tanto, la curva ascendente de Vaca Muerta transformó la composición de la oferta energética nacional. En 2024, el shale promedió 373.000 barriles diarios de petróleo y 68 millones de metros cúbicos diarios de gas. Más de la mitad de la producción del país proviene hoy del no convencional.

Este cambio en la matriz productiva generó una consecuencia adicional: la subutilización de la infraestructura instalada en las cuencas maduras, desarrollada principalmente entre las décadas de 1960 y 1990. Gasoductos, oleoductos y plantas que antes operaban a carga plena hoy funcionan con capacidad ociosa y costos crecientes.

En contraste, la infraestructura neuquina experimentó un proceso inverso: ampliaciones, nuevas obras y mayores volúmenes. Entre ellas, el gasoducto en construcción que complementa el sistema existente y la ampliación de Oldelval para evacuar crudo no convencional.

Tres factores que explican el derrumbe de la inversión

Según el informe, la caída de actividad perforadora responde a tres factores centrales. El primero es la baja sustancial del precio del crudo en el mercado internacional desde finales de 2024, que redujo la rentabilidad de los proyectos convencionales.

El segundo factor es el aumento de los costos en dólares en la economía argentina. La inflación en moneda dura comprimió aún más los márgenes operativos y afectó las decisiones de inversión.

El tercer elemento es la propia madurez de los yacimientos. En Chubut, muchos campos muestran una curva de declino natural elevada, lo que exige inversiones intensivas para sostener niveles básicos de producción. Con menor perforación y menos reparación de pozos, la caída se acelera.

La combinación produjo lo que la consultora describe como “una contracción inédita” del capital destinado al convencional. Y anticipa que el impacto se verá con más fuerza en 2026, cuando los pozos que no se perforaron en 2024 y 2025 comiencen a manifestarse en la producción disponible.

Impacto laboral: la mayor preocupación en Chubut

Chubut depende en forma directa e indirecta del empleo petrolero. Una caída del 56% en la perforación implica menos equipos, menos cuadrillas y una reducción que ya empieza a sentirse en la actividad diaria.

El informe subraya que la producción convencional continúa siendo estratégica para el abastecimiento local. Sin embargo, la crisis de inversión amenaza la estabilidad laboral, especialmente en las provincias donde el shale no aparece como alternativa inmediata.

El Golfo San Jorge registra el declino más marcado y una vulnerabilidad mayor, dado que el empleo allí se sostiene sobre actividades intensivas en trabajo como perforación, workover y servicios especiales.

La fotografía del gas natural reproduce la misma tendencia. La única excepción reciente fue el aporte de los pozos del área Fénix en Cuenca Austral, pero el fenómeno fue puntual y no modifica el panorama general.