La industria petrolera convencional atraviesa un deterioro profundo, visible en todas las cuencas maduras del país. El informe de la Consultora Economía & Energía advierte que la contracción alcanzó niveles inéditos durante los últimos dos años, con Chubut como la provincia más expuesta al impacto productivo y laboral.
A lo largo de la última década, la producción de petróleo convencional cayó 39% en Argentina. En paralelo, la de gas natural retrocedió 38%. Ese declino se aceleró entre 2014 y 2024 y volvió más evidente la dependencia creciente del país respecto de la Cuenca Neuquina y Vaca Muerta.
El Golfo San Jorge, corazón productivo de Chubut, experimenta una caída sostenida en los últimos años. El dato más crítico se observa en la perforación: entre enero y agosto de 2025 se perforaron 45% menos pozos que en el mismo período de 2024, y 56% menos que en 2023.
Un declive prolongado
La pérdida de actividad perforadora no es un episodio aislado sino parte de un proceso de larga duración. Desde hace veinte años, la producción convencional muestra un ritmo de caída cada vez más agudo, y en la última década este declino adoptó una pendiente más pronunciada.
Mientras tanto, la curva ascendente de Vaca Muerta transformó la composición de la oferta energética nacional. En 2024, el shale promedió 373.000 barriles diarios de petróleo y 68 millones de metros cúbicos diarios de gas. Más de la mitad de la producción del país proviene hoy del no convencional.
Este cambio en la matriz productiva generó una consecuencia adicional: la subutilización de la infraestructura instalada en las cuencas maduras, desarrollada principalmente entre las décadas de 1960 y 1990. Gasoductos, oleoductos y plantas que antes operaban a carga plena hoy funcionan con capacidad ociosa y costos crecientes.
En contraste, la infraestructura neuquina experimentó un proceso inverso: ampliaciones, nuevas obras y mayores volúmenes. Entre ellas, el gasoducto en construcción que complementa el sistema existente y la ampliación de Oldelval para evacuar crudo no convencional.

Tres factores que explican el derrumbe de la inversión
Según el informe, la caída de actividad perforadora responde a tres factores centrales. El primero es la baja sustancial del precio del crudo en el mercado internacional desde finales de 2024, que redujo la rentabilidad de los proyectos convencionales.
El segundo factor es el aumento de los costos en dólares en la economía argentina. La inflación en moneda dura comprimió aún más los márgenes operativos y afectó las decisiones de inversión.
El tercer elemento es la propia madurez de los yacimientos. En Chubut, muchos campos muestran una curva de declino natural elevada, lo que exige inversiones intensivas para sostener niveles básicos de producción. Con menor perforación y menos reparación de pozos, la caída se acelera.
La combinación produjo lo que la consultora describe como “una contracción inédita” del capital destinado al convencional. Y anticipa que el impacto se verá con más fuerza en 2026, cuando los pozos que no se perforaron en 2024 y 2025 comiencen a manifestarse en la producción disponible.
Impacto laboral: la mayor preocupación en Chubut
Chubut depende en forma directa e indirecta del empleo petrolero. Una caída del 56% en la perforación implica menos equipos, menos cuadrillas y una reducción que ya empieza a sentirse en la actividad diaria.
El informe subraya que la producción convencional continúa siendo estratégica para el abastecimiento local. Sin embargo, la crisis de inversión amenaza la estabilidad laboral, especialmente en las provincias donde el shale no aparece como alternativa inmediata.
El Golfo San Jorge registra el declino más marcado y una vulnerabilidad mayor, dado que el empleo allí se sostiene sobre actividades intensivas en trabajo como perforación, workover y servicios especiales.
La fotografía del gas natural reproduce la misma tendencia. La única excepción reciente fue el aporte de los pozos del área Fénix en Cuenca Austral, pero el fenómeno fue puntual y no modifica el panorama general.