Sea Lion y la posibilidad de ser un modelo para el offshore del Atlántico Sur

Sea Lion volvió a ocupar el centro de la escena, después de que el Gobierno nacional redoblara sus sanciones contra las petroleras que operan en el yacimiento, con denuncias penales y un proyecto de ley que busca endurecer las penas para las compañías vinculadas a Malvinas. En medio de ese ruido, Ernesto Díaz, vicepresidente para Latinoamérica de Rystad Energy, propuso analizar el proyecto desde lo técnico y lo económico.

“Sin entrar en la discusión política o de soberanía, me parece más interesante mirar el proyecto desde el punto de vista técnico y económico”, planteó Díaz en su cuenta de LinkedIn.

El especialista sigue con atención lo que ocurre en la Cuenca Malvinas Norte y destacó que el yacimiento fue descubierto en 2010, a unos 450 metros de profundidad de agua. No es ultra-deepwater, pero sí un desarrollo offshore remoto, con desafíos serios de logística, infraestructura subsea y ejecución en una zona sin demasiados antecedentes cercanos.

Sea Lion ya está en marcha

La primera fase de Sea Lion tomó su Decisión Final de Inversión (FID, por sus siglas en inglés) en diciembre de 2025. El plan contempla 11 pozos para recuperar unos 170 millones de barriles, con el FPSO Aoka Mizu operando a una capacidad cercana a los 55.000 barriles diarios.

El costo estimado desde el FID hasta el completion ronda los 2.100 millones de dólares, y la meta es llegar al first oil en el primer semestre de 2028. Sin embargo, Díaz sostuvo que reducir Sea Lion a esa primera fase sería quedarse corto frente a lo que viene después.

“El potencial va bastante más allá de esta primera fase”, resumió el vicepresidente de Rystad Energy, y agregó que las dos primeras etapas del Northern Development Area ya suman unos 314 millones de barriles de recursos 2C, con un concepto de desarrollo que contempla hasta 64 pozos entre las áreas Northern, Central y Southern.

Navitas apuesta a la expansión

Navitas, socia del proyecto junto a Rockhopper, también avanza con la ampliación. La compañía ejerció una opción para adquirir el FPSO OSX-1 por unos 125 millones de dólares, con capacidad potencial de hasta 125.000 barriles diarios para las próximas fases del desarrollo.

El cronograma apunta a presentar el Central Development Area en 2027, alcanzar el FID en el primer semestre de 2028 y arrancar la producción hacia fines de 2030. Son plazos ajustados, pero según Díaz responden a una lógica de ejecución concreta, no a un plan sobre el papel.

“Lo relevante es que Sea Lion ya dejó de ser un proyecto en estudio. Está sancionado, tiene contratos en ejecución y una campaña de perforación prevista para comenzar en 2027”, subrayó Díaz y remarcó la diferencia entre este desarrollo y otros proyectos offshore que todavía no superaron la etapa de factibilidad.

Los números que sostienen el proyecto

La economía del proyecto también entra en el análisis. En el caso base de Rystad Energy, Sea Lion muestra un NPV10 de aproximadamente 3.100 millones de dólares, con un development CAPEX de unos 10,9 dólares por barril equivalente de petróleo y un production OPEX cercano a los 16,6 dólares.

A 50 dólares por barril, el proyecto todavía mantiene un valor presente neto positivo. Cerca de los 40 dólares, la ecuación empieza a ajustarse mucho más que ubica ahí el verdadero punto de quiebre para la rentabilidad del desarrollo.

“El principal desafío parece estar menos en la geología y más en la ejecución: convertir y movilizar FPSOs, perforar y completar los pozos, instalar la infraestructura subsea y operar una cadena logística compleja en el Atlántico Sur”, detalló el vicepresidente de Rystad Energy para la región.

Para Díaz, esa combinación de escala, contratos firmes y un cronograma de perforación ya definido es lo que distingue a Sea Lion de otros proyectos offshore de la región que todavía no lograron sostenimiento financiero ni compromisos firmes de producción a mediano plazo.

“Más allá de la coyuntura, va a ser un proyecto muy interesante para seguir. Su desempeño puede terminar siendo una referencia importante para futuros desarrollos offshore en el Atlántico Sur“, afirmó Ernesto Díaz.

El próximo boom de Vaca Muerta dependerá de la eficiencia y no de más flotas de equipos

El mercado global del fracking comenzó a mostrar señales de recuperación y el impacto ya empieza a proyectarse sobre el desarrollo de Vaca Muerta. Así lo planteó Ernesto Díaz a través de un análisis difundido en LinkedIn sobre la evolución reciente del shale en Estados Unidos.

El vicepresidente para Latinoamérica de Rystad Energy explicó que los indicadores operativos muestran un cambio de tendencia en la actividad en EEUU. El informe destacó un crecimiento en la cantidad de rigs, una mayor actividad de perforación y un escenario de pricing más favorable para el segmento de pressure pumping.

“El último análisis de Rystad Energy muestra un cambio claro en marcha en el mercado shale de Estados Unidos”, sostuvo Díaz y ponderó que “el mercado de pressure pumping empieza a ajustarse y las discusiones de pricing en fractura se vuelven cada vez más constructivas”.

Un shale más eficiente

Asimismo, Díaz señaló que el nuevo ciclo alcista de la industria no estaría impulsado por una expansión masiva de capacidad instalada, como ocurrió en períodos anteriores. Por el contrario, afirmó que el foco comenzará a desplazarse hacia la eficiencia operativa y la utilización inteligente de los recursos disponibles.

En este sentido, el ejecutivo remarcó que la industria avanza hacia un modelo donde ganan protagonismo la automatización, el Dual Frac, el continuous pumping y las nuevas flotas impulsadas a gas natural. Estas tecnologías serán determinantes en la próxima etapa de competitividad del shale.

“El próximo upcycle de fractura no estaría impulsado por una expansión masiva de flotas como en ciclos anteriores”, afirmó Díaz. “Cada vez más estaría definido por una utilización más eficiente del horsepower, automatización y disciplina de capital”, agregó.

Las implicancias para el desarrollo de Vaca Muerta

El vicepresidente de Rystad Energy sostuvo que esta transformación tendrá consecuencias directas sobre el crecimiento de Vaca Muerta, especialmente en un escenario donde la intensidad de completación y la disponibilidad de servicios comenzarán a jugar un rol estratégico equivalente al potencial geológico.

En este marco, el desarrollo masivo del shale argentino demandará mayores niveles de eficiencia y una expansión sostenida de la infraestructura vinculada a los servicios petroleros. También anticipó una aceleración en la demanda de flotas modernas y soluciones energéticas más eficientes.

“Argentina está entrando en una etapa donde la intensidad de completación, la eficiencia operativa y la disponibilidad de capacidad de servicios podrían volverse tan estratégicas como la geología misma”, afirmó Díaz en su publicación.

Díaz agregó que el crecimiento de Vaca Muerta podría generar un escenario de mayor presión sobre la capacidad disponible en servicios especiales y destacó que variables como el pumping uptime y la disponibilidad de equipos pasarán a convertirse en factores clave para sostener la productividad.

Tecnología, productividad y presión sobre los servicios

Díaz también advirtió que el nuevo contexto representa una oportunidad para mejorar productividad y competitividad mediante incorporación tecnológica. Sin embargo, planteó que el desarrollo shale requerirá inversiones constantes en toda la cadena de servicios y no solamente en áreas productivas upstream.

“La industria shale global vuelve a entrar en un entorno donde la capacidad de pressure pumping de alta calidad recupera un enorme valor estratégico”, sostuvo el directivo y remarcó que “el próximo capítulo de competitividad shale podría definirse tanto por la ejecución en completación como por la calidad del reservorio”.

Litio: por qué Argentina debería evitar competir con China en baterías

El mercado global del litio muestra una fuerte concentración en pocos países y una expansión acelerada de la demanda, impulsada por la transición energética. Argentina comienza a consolidarse como uno de los principales protagonistas de cara a la próxima década.

De acuerdo con el análisis de Ernesto Díaz, vicepresidente de Rystad Energy para Latinoamérica, el país tiene condiciones para posicionarse entre los mayores productores mundiales junto con Australia hacia 2030.

“Los datos recientes sobre producción global de litio dejan algo claro: el mercado ya está altamente concentrado y dominado por pocos actores, con Australia, Chile, China y Argentina liderando la oferta. Al mismo tiempo, la expansión proyectada de capacidad muestra que el crecimiento vendrá principalmente de operaciones upstream”, señaló.

El dilema sobre la cadena de valor

En paralelo al crecimiento de la producción de litio, se abre un debate central sobre el modelo de desarrollo que debería adoptar Argentina. La discusión gira en torno a avanzar en la industrialización o consolidar su rol como proveedor de productos procesados.

En ese sentido, Díaz plantea que la decisión debe basarse en criterios de competitividad y no en aspiraciones industriales que podrían implicar mayores riesgos.

“En este contexto, surge una pregunta clave para Argentina: ¿debería avanzar hacia la integración vertical y competir en la fabricación de componentes de baterías, o consolidarse como proveedor competitivo de carbonato e hidróxido de litio?”, advirtió.

“Mi visión es clara: Argentina debería profundizar su posicionamiento en la producción de litio grado batería, en lugar de intentar competir aguas abajo con China”, agregó.

Ventajas comparativas y enfoque productivo

El análisis destaca que Argentina cuenta con ventajas estructurales dentro del denominado “triángulo del litio”, lo que le permite competir en costos y calidad de recursos. Esto refuerza la idea de priorizar el desarrollo del segmento upstream.

El desafío, según el especialista, pasa por escalar la producción, mejorar la eficiencia y capturar valor en el procesamiento químico del mineral, donde existe una demanda global sostenida.

“Argentina forma parte del triángulo del litio, con recursos de clase mundial y costos competitivos. La prioridad debería ser escalar producción, mejorar eficiencia y capturar valor en el procesamiento químico, donde ya existe demanda global sostenida”, explicó.

Las barreras para fabricar baterías

Uno de los puntos centrales del análisis es la dificultad de avanzar en la fabricación de baterías. Se trata de una industria que requiere no solo inversión, sino también un ecosistema productivo complejo y altamente integrado.

La cadena de valor incluye desde la producción de cátodos hasta la fabricación de celdas, con fuertes vínculos con la industria automotriz y un alto nivel de desarrollo tecnológico.

“La fabricación de cátodos, celdas y baterías requiere ecosistemas industriales integrados, proximidad a fabricantes de autos, escala, tecnología y know-how acumulado. China no solo domina capacidad, sino toda la cadena de suministro”, sostuvo.

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Riesgos y costos de la integración vertical

El avance hacia una integración vertical también implica mayores niveles de inversión y riesgos asociados a la volatilidad del mercado y a los cambios tecnológicos. Esto podría afectar la competitividad del país en el mediano plazo.

En este sentido, el especialista advierte que una estrategia de este tipo podría desviar recursos de los segmentos donde Argentina ya tiene ventajas consolidadas.

“Integrarse verticalmente implica inversiones significativamente mayores, ciclos de retorno más largos y mayor exposición a riesgos tecnológicos y de mercado. Para Argentina, esto podría diluir el foco y reducir la competitividad”, afirmó.

La ventana de oportunidad en el upstream

El crecimiento de la demanda global de litio abre una oportunidad concreta para expandir la producción en el corto plazo. La necesidad de abastecimiento inmediato refuerza el rol de los países productores en la cadena global.

En contraposición, los segmentos downstream aparecen más saturados y con mayor competencia, lo que limita las posibilidades de ingreso para nuevos actores.

“La demanda de litio está creciendo rápidamente y necesita oferta confiable hoy. Hay una ventana clara para capturar valor expandiendo producción upstream, mientras que downstream está más saturado y competitivo”, indicó.

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Una estrategia pragmática para el desarrollo

El planteo de Díaz no descarta la industrialización, pero propone abordarla de manera selectiva, a través de alianzas estratégicas y mejoras en la calidad del producto. Esto permitiría avanzar sin asumir riesgos excesivos.

El foco, en este esquema, debería estar en mejorar la infraestructura, garantizar estabilidad regulatoria y atraer inversiones que potencien el desarrollo del sector.

“Esto no implica renunciar a industrialización, sino priorizar la mejora en calidad, el desarrollo de infraestructura, la estabilidad regulatoria y la atracción de inversión extranjera, con integración selectiva”, aseguró.

El crecimiento de Vaca Muerta vuelve a presionar al midstream

La actividad en Vaca Muerta volvió a sorprender al marcar niveles históricos durante los primeros meses de 2026. Así lo afirmó Ernesto Díaz, vicepresidente de Rystad Energy para Latinoamérica, quien destacó que la formación “entró en una nueva fase de aceleración” que supera ampliamente las proyecciones realizadas por la consultora en informes previos.

En una publicación en LinkedIn, Díaz explicó que dos indicadores anticipan el crecimiento: los pozos iniciados y las etapas de fractura. Ambos alcanzaron máximos nunca registrados. En marzo se contabilizaron alrededor de 55 pozos spud, mientras que el primer trimestre del año superó las 3.000 etapas de fractura, lo que marca un hito para el shale argentino.

Para el analista, estos valores no representan simples métricas operativas, sino los mejores predictores del aumento de producción futura. Son señales tempranas y altamente confiables de que el desarrollo de la roca madre encara un ciclo de expansión mucho más agresivo que el observado en años anteriores.

Una actividad que se triplica en pocos años

Según datos históricos, la cuenca pasó de perforar entre 10 y 15 pozos mensuales durante 2018 y 2019 a niveles superiores a los 50 pozos por mes en 2026. Para Díaz, esta dinámica implica más que un crecimiento sostenido: se trata de “una multiplicación por tres en menos de cinco años”, con efectos directos en la oferta de petróleo y gas.

La tendencia también se repite en las completaciones. Mientras que hace seis años se realizaban entre 500 y 800 etapas de fractura por mes, el sistema hoy opera en un rango que supera las 2.000 y alcanza picos de más de 3.000. Este salto, en palabras del especialista, implica “una escala brutal en productividad”.

El efecto sobre la curva de producción es prácticamente inmediato. Los pozos perforados hoy impactan entre seis y doce meses después, mientras que las fracturas muestran resultados en un plazo aún más corto. Por eso, Díaz considera que el crecimiento de la producción ya está asegurado para todo 2026 e incluso para 2027.

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Midstream, el nuevo límite del sistema

El vicepresidente de Rystad remarcó que el verdadero desafío ya no está en el upstream. A medida que aumenta la extracción, también crece la producción de gas asociado y líquidos del gas natural (NGLs), lo que tensiona la capacidad disponible para evacuar y procesar los volúmenes incrementales.

En este sentido, la infraestructura de transporte, procesamiento y fraccionamiento se convierte en el principal cuello de botella. La consultora advierte que el sistema está entrando en una etapa donde la escala supera lo que el midstream puede absorber sin nuevas inversiones de magnitud.

Díaz consideró que este escenario redefine la historia de Vaca Muerta, que deja atrás una fase de crecimiento continuo para entrar en un ciclo marcado por la escala y las limitaciones logísticas. Para los inversores, este contexto abre oportunidades muy concretas en segmentos donde la presión ya se percibe con fuerza.

Según sus estimaciones, el nivel actual de actividad permitiría proyectar un crecimiento de entre 30% y 40% en la producción, lo que incrementaría las exigencias sobre la evacuación de gas, la capacidad de procesamiento y la infraestructura de fraccionamiento de NGLs, áreas donde se concentrarán las inversiones estratégicas del próximo ciclo.

Una oportunidad para los proyectos marginales de Vaca Muerta

La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a sacudir al mercado energético global. Las tensiones en torno al Golfo Pérsico y el temor a interrupciones en rutas clave de transporte de crudo impulsaron el precio del petróleo a niveles que no se veían desde hace años. El Brent superó los 100 dólares por barril y llegó a rozar los 109 dólares en los últimos días.

El alza del crudo se trasladó rápidamente a los mercados internacionales de combustibles y generó una nueva ola de incertidumbre en la economía global. Las preocupaciones se concentran especialmente en el posible impacto que tendría un bloqueo del Estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.

En este marco, el vicepresidente para América Latina de la consultora Rystad Energy, Ernesto Díaz, publicó un análisis en LinkedIn en el que advierte que el mercado petrolero está enviando señales más complejas de lo que sugieren los titulares.

“El Brent superó los US$100 por barril esta semana. Esto todos lo ven, pero hay tres capas de análisis que los titulares no están alcanzando”, consideró.

El analista aseguró que uno de los factores que limita una escalada sostenida del precio del petróleo es que el mercado global todavía arrastra un excedente de oferta estructural que existía incluso antes de la crisis en Medio Oriente.

“El mercado petrolero en 2026 venía con un excedente estructural de 2,6 millones de barriles por día antes del conflicto. Incluso con el Estrecho de Ormuz bloqueado esa sobreoferta no desaparece”, explicó.

Asimismo, Díaz señaló que incluso en escenarios de conflicto prolongado el mercado tendería a acercarse al equilibrio sin entrar en un déficit sostenido. “En un escenario de conflicto de dos meses, el excedente se reduce a unos 1,4 millones de barriles diarios; en cuatro meses, a unos 0,9 millones”, afirmó.

Pluspetrol avanza en Vaca Muerta

La señal que favorece al shale fuera de Medio Oriente

Más allá del comportamiento del precio del petróleo, Díaz identificó otro indicador que considera clave para entender el nuevo escenario energético global: el diferencial entre el Brent y el WTI.

El analista destacó que el spread entre ambos marcadores internacionales se redujo de forma abrupta en pocos días, lo que reflejaría un cambio en la demanda global de crudo.

“El diferencial Brent-WTI colapsó de US$7 por barril el miércoles a apenas US$2 el viernes ante la compra masiva de WTI como sustituto del crudo Murban asiático”, explicó.

“El mercado está enviando una señal clara: el crudo americano y por extensión el latinoamericano y africano se vuelve estratégicamente más valioso cuando Oriente Medio se cierra”, agregó.

Vaca Muerta sigue creciendo.

Qué puede pasar con Vaca Muerta

En este sentido, Díaz planteó que el nuevo escenario energético podría funcionar como un acelerador para el desarrollo de Vaca Muerta. “Con Brent en US$100 o más, los proyectos de shale oil en Vaca Muerta que antes eran marginales entran en zona de retorno atractivo. El breakeven promedio de la formación está bien por debajo de estos niveles”, afirmó.

“Esto puede activar nuevos proyectos, nuevas licitaciones y más actividad de fusiones y adquisiciones”, añadió.

Díaz también señaló que la reorganización de los flujos globales de crudo, impulsada por sanciones y tensiones geopolíticas, abre una oportunidad para países que pueden ofrecer suministro estable.

“El mundo está reorganizando sus cadenas de suministro energético. Argentina tiene una ventana geopolítica única como proveedor confiable y no OPEP”, subrayó.

“Vaca Muerta nunca fue para tibios”

El año comenzó con dos movimientos fuertes en el mapa de Vaca Muerta. La venta de activos se consolido en la roca madre y tuvo como protagonistas a players de peso para el shale argentino. Entre las operaciones se destacó que Equinor se retiró del plano onshore y cedió sus participaciones en la Cuenca Neuquina a Vista Energy.

El fenómeno no es nuevo y no es exclusivo de Vaca Muerta. Las fusiones globales, reacomodamientos empresariales y estrategias de largo plazo son comunes en la industria hidrocarburífera a nivel mundial.

En este marco, el vicepresidente para América Latina de Rystad Energy, Ernesto Díaz, remarcó que “la consolidación en Vaca Muerta no es una señal de debilidad”, sino “el momento de definir quién jugará el partido largo”. Para el analista, las empresas deben tomar decisiones estratégicas que marcarán su futuro en el shale argentino.

Según el directivo, los movimientos recientes de grandes compañías no deben interpretarse como una retirada masiva, sino como un proceso de reposicionamiento. “Mientras observamos movimientos estratégicos de grandes operadores globales recalibrando sus portfolios en Argentina, la pregunta que todos se hacen es: ¿están saliendo o están reposicionándose?”, escribió. Para Díaz, la respuesta depende del perfil de cada empresa y de su capacidad para sostener inversiones en el tiempo.

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Permian como espejo

El análisis se apoya en un contexto internacional marcado por fusiones y reestructuraciones. Díaz destacó que “Devon y Coterra acaban de anunciar una fusión de 58 mil millones de dólares”, mientras que “Continental Resources cierra operaciones en el Bakken después de 30 años por márgenes comprimidos”.

Asimismo, el especialista remarcó que “el Permian sigue consolidándose en pocas manos que buscan escala y eficiencia operativa”. Estos movimientos, sostuvo, tienen impacto directo en la forma en que se evalúa el desarrollo de Vaca Muerta.

Para el ejecutivo, el shale neuquino no es un negocio pensado para apuestas rápidas. “Vaca Muerta exige escala, continuidad operativa y visión de largo plazo”, afirmó.

En ese sentido, advirtió que “no es un play para exploración especulativa ni para ciclos cortos de inversión”, sino para compañías que entienden que “el mejor acreage premium en una formación world-class se asegura ahora, no cuando todos quieran volver”.

Las condiciones para crecer de Vaca Muerta

Díaz también señaló que el país atraviesa una etapa diferente desde el punto de vista estructural. “Las condiciones finalmente están alineadas”, sostuvo, al mencionar “precios liberados que reflejan valor real, acceso a financiamiento con costos de capital normalizándose y mayor previsibilidad macroeconómica”.

Además, resaltó que el actual contexto genera “un ambiente propicio para M&A que antes era prácticamente imposible”.

En este nuevo escenario, el mercado comienza a dividirse entre dos tipos de jugadores. Por un lado, “los que ven volatilidad y buscan salida con retorno aceptable”. Por otro, “los que ven volatilidad y duplican su apuesta para capturar valor cuando otros dudan”. Para el directivo, “ambos están tomando decisiones racionales para sus estrategias corporativas”, aunque solo algunos lograrán consolidarse.

“La pregunta no es quién se va. La pregunta es quién se queda y qué va a hacer con esa posición”, planteó Díaz. Desde su visión, el futuro de Vaca Muerta estará marcado por la capacidad de sostener inversiones y mejorar la eficiencia. “En cinco años, cuando Vaca Muerta esté produciendo un millón de barriles diarios y compitiendo codo a codo con el Permian, solo un grupo selecto habrá asegurado las posiciones que importan”, anticipó.

“Las formaciones de clase mundial no esperan”, advirtió, y consideró: “Vaca Muerta no es para tibios. Nunca lo fue”.

El dato que confirma que Vaca Muerta dejó atrás su fase experimental

Vaca Muerta transita un punto de inflexión que redefine su lugar en la industria energética regional. Los datos más recientes ya no hablan de promesas ni de pruebas piloto, sino de un cambio estructural en la forma de operar la cuenca. La transición que atravesó 2025 abre paso a un escenario operativo mucho más estable y maduro.

Según Ernesto Díaz, Senior Vice President Latin America de Rystad Energy, dos indicadores reflejan con claridad el pulso real de la actividad: los pozos iniciados y las etapas de fractura. Ambos muestran que la volatilidad de años anteriores empieza a quedar atrás, dando lugar a un patrón productivo más previsible y continuo.

Durante 2024, la actividad fue elevada, pero extremadamente irregular. De acuerdo con los datos difundidos por Díaz en LinkedIn, los pozos iniciados oscilaron entre 25 y 46 por mes, mientras que las etapas de fractura variaron entre 1.000 y 2.000 mensuales. Fue un año fuerte, aunque con altibajos operativos muy marcados.

El panorama de 2025 mostró una dinámica distinta. Ernesto Díaz destacó que noviembre cerró con 46 pozos iniciados y diciembre con 53, confirmando que la actividad real se mantuvo en niveles elevados. El dato más contundente fue mayo, cuando se alcanzaron 3.411 etapas de fractura, el máximo mensual histórico registrado en Vaca Muerta.

Ese récord marcó un antes y un después. Para Rystad Energy, el salto no fue solo cuantitativo, sino cualitativo, porque evidenció una capacidad operativa sostenida. La cuenca comenzó a consolidar un ritmo que ya no depende de picos aislados, sino de una planificación industrial con mayor consistencia y previsibilidad.

El cambio silencioso que puede convertir a Vaca Muerta en una potencia shale.

El punto de quiebre estructural para Vaca Muerta

Las proyecciones de Ernesto Díaz anticipan que 2026 será el cambio estructural más importante para Vaca Muerta. El nuevo régimen operativo prevé entre 48 y 55 pozos iniciados por mes, de forma constante, junto con 2.400 a 2.700 etapas de fractura mensuales. Por primera vez, la cuenca entraría en un plateau alto, estable y continuo.

Para la industria, este escenario implica mayor estabilidad en la producción y en las exportaciones, además de una demanda sostenida de servicios asociados como perforación, fractura, logística, arenas y midstream. También mejora la previsibilidad para los inversores, un factor clave para acelerar decisiones de largo plazo en proyectos de gran escala.

Díaz remarca que Vaca Muerta ya no discute si puede producir gas de clase mundial. El debate ahora se centra en cómo escalar, diversificar y capturar más valor. La productividad se ubica en niveles comparables a los mejores shales, con capacidad de respuesta rápida a la demanda regional y avances concretos en infraestructura y LNG.

En ese marco, el gas argentino se posiciona como un recurso flexible, competitivo y estratégico. La integración entre upstream y midstream, nuevas formas de monetizar el gas fuera del invierno y la innovación operativa en campo aparecen como los ejes del próximo salto. Para Rystad Energy, la oportunidad está abierta y el momento es ahora.

Asimismo, Ernesto Díaz también advierte que Vaca Muerta debe aprender de la experiencia del shale estadounidense. En Estados Unidos, la longitud de los laterales se redujo tras comprobar que más metros no garantizan mayor producción. El foco pasó a la eficiencia de diseño, buscando el equilibrio técnico y económico, una lección clave para el desarrollo argentino.