Una nueva y decisiva señal golpea al incipiente polo energético del extremo sur. TotalEnergies, que ya había cesado su proyecto en Magallanes hace algunos meses, decidió ahora retirarse de la Asociación Gremial de Hidrógeno Verde de Magallanes H2, movimiento que anticipa la posible disolución del gremio.
La salida de la compañía europea dejaría sin sustento institucional a una organización que nucleaba a los principales actores del sector. Sin ese respaldo, numerosos proyectos vinculados al hidrógeno verde y al amoníaco comenzarían a cerrarse o a ingresar en una etapa de hibernación indefinida, debilitando las expectativas construidas durante los últimos años.
El impacto no sería solo simbólico. Diversas empresas habían arrendado grandes extensiones a productores ganaderos para realizar estudios de viento, mediciones técnicas y proyecciones eólicas. Esos contratos, según fuentes del sector, comenzarían a cancelarse progresivamente, afectando ingresos que complementaban la tradicional actividad ovina.
Para muchos propietarios rurales, esos acuerdos representaban una oportunidad de diversificación económica en un contexto productivo complejo. La interrupción de los pagos no solo reduce márgenes financieros, sino que también desalienta futuras inversiones en infraestructura y servicios, generando un efecto dominó sobre contratistas, consultoras y proveedores locales.
A este escenario se suma el freno de los llamados off-takers, compradores internacionales que hoy descartan adquirir hidrógeno o amoníaco verde en el corto y mediano plazo. Sin contratos firmes, las iniciativas pierden sustento financiero, y los planes presentados como transformadores quedan atrapados en una espera prolongada.

Impacto regional y señales desde el exterior
Las advertencias sobre este proceso ya habían sido anticipadas por el medio ZonaZero.cl, que alertó sobre señales negativas provenientes de Europa y otros mercados estratégicos. La desaceleración global comenzó a reflejarse en Magallanes a través de demoras, revisiones de proyectos y replanteos de escala.
A nivel internacional, el fenómeno también fue analizado por el Financial Times, que expuso la preocupación de ejecutivos ante la pérdida de incentivos económicos. El debilitamiento de subsidios y créditos fiscales redujo el atractivo de inversiones que, hasta hace poco, eran consideradas prioritarias.
Desde Yara International, su CEO para Europa, Svein Tore Holsether, fue categórico al afirmar que sin rentabilidad los proyectos no avanzan. La frase sintetiza el nuevo clima de negocios, donde el compromiso ambiental compite con balances financieros cada vez más ajustados.
Una postura similar expresó Ahmed El-Hoshy, máximo ejecutivo de Fertiglobe, al advertir que sin precios elevados del carbono o subsidios estables no existe incentivo para invertir cientos de millones de dólares. Varias plantas proyectadas quedaron, por ahora, suspendidas.
El retroceso también se refleja en compañías como Fortescue, que recalibraron sus planes frente a una demanda más débil. El entusiasmo pospandemia, impulsado por estímulos y crisis energéticas, fue reemplazado por un escenario marcado por cautela y revisión permanente.

El rol del Estado y las dudas a futuro
En Magallanes, el silencio de las autoridades locales contrasta con los anuncios iniciales. Incluso el gobernador Jorge Flies había respaldado públicamente la estrategia del hidrógeno verde, presentada como una política de desarrollo regional de largo plazo con proyección internacional.
La eventual desaparición del gremio y la paralización de proyectos obligan ahora a revisar proyecciones, incentivos y discursos oficiales. La pregunta central es si el Estado redefinirá su estrategia o mantendrá un enfoque expectante, a la espera de un eventual repunte del mercado global.
Desde el sector privado reconocen que la crisis climática sigue vigente, pero compite con conflictos geopolíticos, inflación y tensiones comerciales. En ese contexto, la transición energética depende cada vez más de señales claras, estabilidad regulatoria y compromisos de compra sostenidos.
Por ahora, las estimaciones más optimistas ubican un posible renacimiento del sector recién dentro de siete u ocho años. Hasta entonces, el megaproyecto que prometía transformar la matriz productiva de la región atraviesa su momento más crítico, en un escenario marcado por pausas, redefiniciones y expectativas contenidas.












