Marcelo Mindlin suele decir que su historia empresarial no nació de un plan maestro, sino de una sucesión de decisiones tomadas con convicción y sentido de oportunidad. Desde muy joven entendió que el mundo corporativo exigía sacrificio, disciplina y una dosis constante de aprendizaje, especialmente cuando se trata de construir proyectos en un país tan cambiante como Argentina.
Su primer gran salto profesional llegó al incorporarse al equipo de Eduardo Elsztain en la Bolsa de Comercio. “Ahí empecé a navegar las aguas del mundo empresarial”, recordó. Con apenas veinticinco años, Mindlin asumió jornadas extenuantes, viajes permanentes y negociaciones complejas, en un entorno donde la adrenalina y la ambición eran parte cotidiana del trabajo.
Durante más de una década, fue parte del crecimiento del grupo IRSA. Participó en operaciones financieras, inmobiliarias y agropecuarias, siempre desde un rol de alto nivel. Sin embargo, con el paso del tiempo, comenzó a sentir que algo faltaba. “Ya no me divertía”, confesó, al describir el momento en que empezó a pensar en un cambio profundo.
La comodidad del cargo contrastaba con su deseo de liderar un proyecto propio. “Quería ser el número uno de algo, aunque fuera más chico”, explicó en el primer episodio de “Pampa, veinte años de historia”, el podcast que recorre la trayectoria de la empresa energética. Esa necesidad interna terminó imponiéndose sobre la estabilidad económica y el reconocimiento profesional, empujándolo a tomar una de las decisiones más importantes de su vida empresarial.
El diálogo con su esposa fue determinante. “Cuando le dije que quería irme de IRSA, se quedó tranquila”, recordó. Ese respaldo fue clave para avanzar. Poco después, convocó a su hermano Damián y a Gustavo Mariani, dos piezas fundamentales que aceptarían acompañarlo en un camino lleno de incertidumbre, pero también de posibilidades.

Un proyecto que nació sin un plan definido
El nuevo proyecto comenzó sin un rumbo preciso. Mindlin incluso pensó en tomarse un año sabático, tras catorce años de trabajo ininterrumpido. Sin embargo, el mercado no le dio tiempo para detenerse. Antes de dejar definitivamente las oficinas de IRSA, apareció la oportunidad de comprar Transener, una operación que marcaría el inicio de su etapa energética.
Era 2003 y Argentina todavía arrastraba las consecuencias de la crisis de 2001. Para muchos, invertir en ese contexto era una locura. Para Mindlin, en cambio, era una oportunidad. “Las crisis son duras, pero también ofrecen posibilidades únicas”, afirmó, convencido de que el contexto financiero abría puertas que en épocas de estabilidad no existían.
Su estrategia se basó en comprar deuda de empresas en default a precios muy bajos y convertirla en participación accionaria. “Comprábamos bonos a 30 o 40 centavos por dólar”, explicó. Esa lógica le permitió ingresar en compañías valiosas, aportando capital fresco y participando activamente en su reestructuración financiera.
El aprendizaje del negocio energético fue progresivo. “No entendíamos el sector, lo fuimos aprendiendo”, reconoció. Transener fue el primer paso. Luego llegaron empresas de generación eléctrica, Edenor y más tarde TGS. Cada incorporación implicaba nuevos equipos, desafíos técnicos y un mayor entendimiento del entramado energético argentino.
Con varios activos bajo su control, surgió la necesidad de unificarlos en una sola estructura. La solución fue tan creativa como simbólica: comprar una empresa sin actividad operativa, pero que cotizaba en bolsa desde 1950, el Frigorífico de la Pampa. “Ese fue el vehículo”, explicó Mindlin sobre el origen formal de Pampa Energía.
El nombre no fue casual. “Pampa era Argentina y Energía era lo que queríamos hacer”, afirmó. En 2005, la nueva compañía comenzó a consolidar todos los activos adquiridos, con una identidad local y una clara vocación internacional, pensada para atraer inversores extranjeros interesados en el mercado energético argentino.

Expansión, vértigo y consolidación
El primer aumento de capital permitió recaudar 100 millones de dólares. Poco después, en 2007, Pampa realizó una colocación internacional que sumó entre 400 y 450 millones. “Fueron dos semanas de road show en Europa y Estados Unidos”, recordó. Esa inyección de fondos marcó el inicio de una etapa de crecimiento acelerado.
Entre 2005 y 2008, la compañía protagonizó una serie de adquisiciones y operaciones financieras que consolidaron su presencia en el sector. “Fue una etapa de mucha adrenalina”, describió Mindlin. No había un plan a veinte años, sino una lógica de aprovechar cada oportunidad que el mercado ofrecía.
La cultura interna se transformó en un rasgo distintivo. “Los socios fundadores trabajamos todos los días acá, cuidando cada gasto como si fuera nuestro”, destacó. Esa cercanía con la gestión diaria, según Mindlin, marcó una diferencia clave frente a las multinacionales y a los grandes conglomerados corporativos.
El momento más desafiante llegó con la compra de Petrobras Argentina. En ese entonces, Pampa valía en bolsa unos 500 millones de dólares y la operación se concretó por 1.300 millones. “Fue un antes y un después”, afirmó. La magnitud de la transacción generó vértigo incluso dentro del propio equipo.
“Nos miramos y nos preguntamos si nos animábamos”, recordó. La respuesta fue afirmativa. La compra incorporó activos en generación eléctrica, petróleo, gas, refinación, petroquímica y operaciones internacionales. Esa operación terminó de consolidar a Pampa Energía como uno de los principales grupos del sector en Argentina.

Pampa Energía, un símbolo de trabajo
Con el paso del tiempo, Mindlin decidió dejar la gerencia general para enfocarse en la estrategia. Gustavo Mariani asumió como CEO. “Me di cuenta de que ya no le prestaba la misma atención al día a día”, explicó. El cambio le permitió concentrarse en las grandes decisiones de inversión y crecimiento.
Hoy, Pampa Energía se encuentra en una posición diferente. “Ahora las oportunidades nos buscan a nosotros”, sostuvo. Cada nuevo proyecto es analizado con detalle, manteniendo una política estricta de liquidez y control del endeudamiento, dos principios que Mindlin considera fundamentales para operar en Argentina.
Para el empresario, el país sigue siendo una oportunidad. “Si sos cuidadoso con la deuda y mantenés liquidez, Argentina es una oportunidad”, afirmó. Reconoce los vaivenes económicos, pero insiste en que quien sabe leer esos ciclos puede transformar la inestabilidad en crecimiento sostenido.
Al mirar hacia atrás, Mindlin asegura que su mayor aprendizaje no está solo en las cifras. “Lo más importante es armar los equipos adecuados y pasarla bien”, concluyó. En ese recorrido, Pampa Energía dejó de ser un proyecto incipiente para convertirse en un actor central del negocio energético argentino.



