Vaca Muerta transita un punto de inflexión que redefine su lugar en la industria energética regional. Los datos más recientes ya no hablan de promesas ni de pruebas piloto, sino de un cambio estructural en la forma de operar la cuenca. La transición que atravesó 2025 abre paso a un escenario operativo mucho más estable y maduro.
Según Ernesto Díaz, Senior Vice President Latin America de Rystad Energy, dos indicadores reflejan con claridad el pulso real de la actividad: los pozos iniciados y las etapas de fractura. Ambos muestran que la volatilidad de años anteriores empieza a quedar atrás, dando lugar a un patrón productivo más previsible y continuo.
Durante 2024, la actividad fue elevada, pero extremadamente irregular. De acuerdo con los datos difundidos por Díaz en LinkedIn, los pozos iniciados oscilaron entre 25 y 46 por mes, mientras que las etapas de fractura variaron entre 1.000 y 2.000 mensuales. Fue un año fuerte, aunque con altibajos operativos muy marcados.
El panorama de 2025 mostró una dinámica distinta. Ernesto Díaz destacó que noviembre cerró con 46 pozos iniciados y diciembre con 53, confirmando que la actividad real se mantuvo en niveles elevados. El dato más contundente fue mayo, cuando se alcanzaron 3.411 etapas de fractura, el máximo mensual histórico registrado en Vaca Muerta.
Ese récord marcó un antes y un después. Para Rystad Energy, el salto no fue solo cuantitativo, sino cualitativo, porque evidenció una capacidad operativa sostenida. La cuenca comenzó a consolidar un ritmo que ya no depende de picos aislados, sino de una planificación industrial con mayor consistencia y previsibilidad.

El punto de quiebre estructural para Vaca Muerta
Las proyecciones de Ernesto Díaz anticipan que 2026 será el cambio estructural más importante para Vaca Muerta. El nuevo régimen operativo prevé entre 48 y 55 pozos iniciados por mes, de forma constante, junto con 2.400 a 2.700 etapas de fractura mensuales. Por primera vez, la cuenca entraría en un plateau alto, estable y continuo.
Para la industria, este escenario implica mayor estabilidad en la producción y en las exportaciones, además de una demanda sostenida de servicios asociados como perforación, fractura, logística, arenas y midstream. También mejora la previsibilidad para los inversores, un factor clave para acelerar decisiones de largo plazo en proyectos de gran escala.
Díaz remarca que Vaca Muerta ya no discute si puede producir gas de clase mundial. El debate ahora se centra en cómo escalar, diversificar y capturar más valor. La productividad se ubica en niveles comparables a los mejores shales, con capacidad de respuesta rápida a la demanda regional y avances concretos en infraestructura y LNG.
En ese marco, el gas argentino se posiciona como un recurso flexible, competitivo y estratégico. La integración entre upstream y midstream, nuevas formas de monetizar el gas fuera del invierno y la innovación operativa en campo aparecen como los ejes del próximo salto. Para Rystad Energy, la oportunidad está abierta y el momento es ahora.
Asimismo, Ernesto Díaz también advierte que Vaca Muerta debe aprender de la experiencia del shale estadounidense. En Estados Unidos, la longitud de los laterales se redujo tras comprobar que más metros no garantizan mayor producción. El foco pasó a la eficiencia de diseño, buscando el equilibrio técnico y económico, una lección clave para el desarrollo argentino.







